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Afrontar la segregación escolar, el gran reto pendiente de Mataró

Mataró presenta desequilibrios significativos tanto entre redes públicas y concertadas como para sus adentros, con concentraciones de alumnado vulnerable en determinados centros, sobreoferta de plazas y la zona única educativa

La segregación educativa es hoy uno de los grandes retos que afrontan muchas ciudades catalanas, y Mataró es un ejemplo paradigmático. Más allá del aula, este fenómeno impacta de lleno en la cohesión social de los barrios y en la igualdad de oportunidades de los niños y adolescentes. Factores sociales, residenciales, comunitarios y escolares confluyen en ello, y su persistencia genera dinámicas de desigualdad que se reproducen en el tiempo. La Diputación de Barcelona renueva su compromiso de apoyo a los entes locales en la lucha conjunta contra la segregación educativa, entendida como la que se produce y se reproduce en el marco de la educación escolar y comunitaria y ha puesto a la capital del Maresme como ejemplo.

En Mataró, como en el resto del país, la segregación no es solo una cuestión de cómo se distribuyen los alumnos entre escuelas públicas y concertadas. El problema va mucho más allá: desequilibrios internos dentro de las mismas redes, concentraciones de alumnado vulnerable en determinados centros, una zonificación única que no acaba de compensar las diferencias, y una sobreoferta de plazas que desdibuja el sistema. Todo ello genera un mapa educativo complejo, donde las familias más informadas o con más recursos a menudo terminan reforzando estas dinámicas de desigualdad.

La consecuencia inmediata es clara: niños y adolescentes que tienen menos oportunidades de aprendizaje, menos acceso a recursos y que, en definitiva, ven condicionado su futuro. Pero la segregación educativa tiene también un impacto colectivo, porque deteriora el clima escolar, aumenta los costes organizativos y debilita la cohesión de los barrios.

El pacto local de Mataró

Conscientes de esta realidad, el Consejo Escolar Municipal de Mataró impulsó durante el curso 2024-2025 un proceso participativo con el apoyo de la Diputación de Barcelona. Se trata de un proyecto pionero que ha contado con seis sesiones plenarias en las que han participado agentes educativos, familias y representantes institucionales. De este trabajo conjunto ha surgido un diagnóstico compartido que deja claras las debilidades del sistema educativo local y la necesidad de respuestas estructurales. Mataró ha decidido poner en marcha un modelo que entiende la lucha contra la segregación como una tarea técnica, pero también cívica y política: no basta con medidas administrativas, hace falta implicación de toda la comunidad.

El pacto de Mataró se suma así a iniciativas similares en otros municipios de la provincia como Sant Cugat, Sabadell, l’Hospitalet, Vic o Premià de Mar. En todos estos casos, el objetivo es el mismo: avanzar hacia una escolarización más equilibrada e inclusiva.

  • El pacto nacional contra la segregación escolar en Cataluña tiene en los pactos locales su instrumento más cercano y útil. La Diputación de Barcelona desempeña un papel clave, facilitando recursos y acompañando procesos adaptados a cada municipio.
  • Su misión es ayudar a los ayuntamientos a consensuar criterios y actuaciones, garantizar que todos los agentes se sientan parte del proceso y fomentar la corresponsabilidad.
  • Este acompañamiento se traduce en metodologías, espacios de intercambio de conocimiento y buenas prácticas, así como en apoyo técnico para implementar medidas concretas.
  • En el caso de Mataró, ha permitido estructurar el proceso participativo y darle continuidad más allá del diagnóstico inicial.

Las OME como herramienta clave

Otro elemento esencial para afrontar la segregación educativa son las Oficinas Municipales de Escolarización (OME). Estas oficinas tienen la responsabilidad de gestionar la admisión en los centros públicos, informar y orientar a las familias, y garantizar que las decisiones de matriculación contribuyan a la equidad. La Diputación apoya a las OME con formación, recursos y espacios de coordinación entre municipios. Para ciudades como Mataró, donde la presión demográfica y la diversidad social son elevadas, las OME pueden convertirse en la pieza clave para asegurar que ningún niño se vea perjudicado por el barrio en el que vive o por el centro que le corresponde.

El camino hacia una escolarización equilibrada e inclusiva es largo y lleno de dificultades, y el caso marca un punto de inflexión. Afrontar la segregación educativa significa abordar desigualdades sociales de fondo, y ello requiere coraje político, compromiso ciudadano y recursos sostenidos. Mataró tiene ahora la oportunidad de convertirse en referente de este cambio de paradigma. La clave estará en mantener vivo el consenso generado, traducirlo en medidas efectivas y garantizar que la ciudad, en su diversidad, no deje a nadie atrás. Porque la segregación educativa no es solo un problema de escuelas: es un reto de ciudad. 

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