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La mayoría de mujeres que sufren violencia son víctimas de sus parejas o exparejas

Vern Bueno Casas

Un agresor que suele ser bien conocido

El CIRD de Mataró atiende sobre todo a mujeres que han sufrido violencia sexual de la pareja o la expareja, en un contexto de crecimiento de los delitos contra la libertad sexual conocidos en la ciudad

Cuando una mujer llega al Centre per a la Igualtat, Recursos per a les Dones i d'Atenció a la Diversitat Sexual i de Gènere (CIRD) de Mataró, la situación que explica raramente se limita a un único episodio. Las profesionales del servicio se encuentran a menudo con casos en los que la violencia sexual convive con la psicológica, la física o la económica, y en los que salir de la relación es solo el primer paso de un proceso mucho más largo.

Según explica Montse Balaguer, responsable del Servei d'Igualtat de l'Ajuntament, "las mujeres que acuden a nosotras víctimas de violencia sexual la han sufrido mayoritariamente de la pareja o la expareja". Su relato permite ir más allá de las cifras de delitos conocidos y centrarse en una violencia que se produce dentro del entorno más cercano.

El CIRD es el servicio municipal de referencia en materia de igualdad y diversidad. A través del Servei d'Informació i Atenció a les Dones (SIAD) ofrece primera acogida, atención psicológica y jurídica, apoyo social y coordinación con otros servicios en situaciones de violencia y discriminación. También desarrolla actividades de prevención, formación y sensibilización, y cuenta con el Servei d'Atenció Integral LGTBI+ y proyectos comunitarios.

El equipo de atención individualizada lo forman tres psicólogas, una jurista especializada en violencia, una técnica de Bienestar Social y apoyo administrativo, con despachos individuales y una sala grande para sesiones grupales con las mujeres.

En 2025, el SIAD atendió a 419 mujeres y registró 1.822 atenciones. El 62,7% fueron atenciones psicológicas, seguidas de la primera acogida y el asesoramiento jurídico. Son datos que no se pueden comparar directamente con las estadísticas policiales, porque miden realidades diferentes, pero ayudan a dimensionar la actividad de un servicio que atiende las consecuencias de violencias difíciles de hacer visibles.

Paralelamente, han aumentado los delitos contra la libertad sexual conocidos en la ciudad. Entre enero y junio de 2026 se registraron 47, un 34,3% más que en el mismo período del año anterior, según los datos del Ministerio del Interior. En 2025 ya había habido un incremento: de 58 casos en 2024 a 79.

Acceso al CIRD, en la calle Churruca de Mataró, en una imagen de archivo

Más mujeres que piden ayuda

Balaguer atribuye el aumento de usuarias, en parte, a un mejor conocimiento de los recursos públicos. Pero también a un cambio social: "Las personas tienen cada vez más esta seguridad que da la red para poder denunciar". Y matiza: "Esto no quiere decir necesariamente que tengamos más delitos en la calle. Esto es muy difícil de confirmar, porque es un dato que nosotros no gestionamos y porque no todas las víctimas denuncian".

Balaguer lo ilustra con lo que le explican algunas usuarias: "Vengo ahora porque conozco el recurso. Hace diez años sufrí una situación similar y no sabía dónde ir".

El alcalde de Mataró, David Bote, lo vincula a una transformación social más amplia. "Hemos avanzado porque hay menos tolerancia y más conciencia", asegura, pero "a la vez vemos que algunos colectivos intentan normalizar determinadas conductas".

La responsable municipal de Seguridad, Núria Moreno, subraya el cambio en el marco legal, que ha englobado bajo el concepto de agresión aquello que antes se consideraba abuso. "Lo que antes se normalizaba ahora no se percibe como aceptable", apunta. Recuerda que algunas situaciones se entendían como parte del ámbito privado y que incluso "el entorno podía mirar hacia otro lado". Esto puede favorecer que las víctimas o su entorno pidan ayuda.

En el ámbito de la violencia sexual, Moreno aporta un dato revelador: "De las cinco últimas agresiones sexuales que tenemos registradas en la ciudad, ninguna de ellas se ha producido en la vía pública. Esto indica hacia dónde tenemos el problema". No es un dato extrapolable al conjunto de las agresiones sexuales, pero sí que sirve para cuestionar una idea muy arraigada: que la prevención de este tipo de violencia pasa sobre todo por controlar determinados espacios de la calle.

Bote no quita peso a la violencia contra las mujeres en el espacio público —"existe y no la negamos"— y sostiene que se puede mejorar la protección con vigilancia policial y con medidas urbanísticas, pero avisa que "solo con la protección del espacio público no lo solucionaremos, porque sabemos que también hay una parte importante de las agresiones que se producen en entornos conocidos y cercanos de la víctima, como la propia familia". Por eso, la prevención, la sensibilización y la educación tienen un papel igualmente importante.

Para Balaguer, además, el problema no termina necesariamente cuando la mujer decide salir de la relación. La violencia económica puede comportar dificultades para tramitar el divorcio y, después, para encontrar un alojamiento digno, mientras que el aislamiento provocado por años de control o violencia psicológica puede haber separado a la mujer de su familia y de su entorno. "No solo tienes que superar la situación de violencia, sino que después también tienes que rehacer tu vida en términos de vivienda y trabajo", señala.

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Educar antes de que llegue la violencia

Aquí es donde entra la educación. Analizando los datos más recientes de violencia contra las mujeres en la ciudad, Bote constata que "la edad está bajando, tanto en el caso de los agresores como en el de las víctimas". El equipo todavía profundiza en el análisis, pero para el alcalde la conclusión es clara: "no solo es protección y no solo es prevención, sino que también es educación".

En 2025, el CIRD impulsó 15 acciones formativas dirigidas a profesionales municipales, con 493 participantes, y desarrolló actividades con adolescentes, familias y jóvenes.

Balaguer señala que la influencia de las redes sociales "nos hace un flaco favor" y que las violencias digitales son ahora una prioridad en la lucha contra las agresiones a las mujeres y al colectivo LGTBI. Reclama reforzar la educación sexual y emocional desde las primeras etapas y que se trabajen conceptos como el consentimiento, los límites, el propio cuerpo y las relaciones antes de la adolescencia. "El primer paso para poder combatir las violencias es que las personas reconozcan que están sufriendo una violencia", añade.

Marta Moya, concejala de Igualdad, sitúa en este ámbito el trabajo sobre las masculinidades: "No es solo una carga para las mujeres, sino que debe ser una responsabilidad compartida".

Esta mirada preventiva también ha llegado a las fiestas. En la última edición de Les Santes, el CIRD ha reforzado la presencia con agentes Lila itinerantes, principalmente orientados a informar y prevenir, mientras el Espacio Lila mantiene la función de intervención ante posibles situaciones de violencia. Moya destaca que este recurso "probablemente se mantendrá" los próximos años. Moreno, por su parte, apunta que en julio, coincidiendo con la Fiesta Mayor de Mataró, se registra una subida de agresiones, y que por eso hay que promover medidas de prevención en la vía pública y, sobre todo, de concienciación y educación.

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Atender sin revictimizar

Una vez la mujer está en el servicio, el reto ya no es solo prevenir, sino evitar que el proceso de ayuda añada carga a una situación que a menudo ya es compleja. Balaguer y Moya insisten en la necesidad de una atención coordinada y de reducir la revictimización, especialmente cuando los casos llegan al sistema judicial.

En el proceso judicial, la víctima puede tener que explicar los hechos varias veces, coincidir con el agresor o afrontar un entorno que no siempre está pensado desde su perspectiva. En el CIRD intentan que la atención no agrave esta situación. Balaguer define la filosofía de atención con una frase: "Cuando una mujer entra por la puerta, nosotros no somos nadie para hacerle un juicio. Eso ya lo hará el juez, si toca. Nosotros aquí a la mujer nos la creemos". El acompañamiento comienza desde el primer momento, sin exigir a la mujer que llegue con el caso ya resuelto o judicializado.

Todo este volumen de actividad ha hecho que el propio Ayuntamiento admita que el espacio actual del CIRD ya no es suficiente. "Somos conscientes de que este espacio ya se nos ha quedado pequeño", reconoce Bote, que defiende que debe empezar a convertirse "en un proyecto de ciudad". El gobierno plantea repensar su ubicación para que el servicio pueda crecer con los requerimientos técnicos que tiene en términos de movilidad, seguridad y privacidad. "No podemos poner este servicio en los bajos del Ayuntamiento", añade.

Detrás de las cifras, el CIRD pone sobre la mesa una realidad que a menudo queda en un segundo plano: la violencia no siempre se produce en la calle ni comienza con una agresión visible. Puede instalarse dentro de una relación, combinarse con dependencia económica o aislamiento social y mantenerse durante años antes de que la mujer pueda identificarla y pedir ayuda. La respuesta, por lo tanto, no consiste solo en actuar cuando la violencia ya se ha producido, sino también en conseguir que pueda ser reconocida antes