Carregant...
Visión zenital de Can Cruzate. Fotos. R. Gallofré

Redacció

Can Cruzate en Mataró: dos mil años de historia a punto de entrar en una nueva etapa

Entre la plaza Gran y la del Ayuntamiento, Can Cruzate conserva restos romanos, ventanas góticas y antiguos comercios, un testimonio esencial de la historia de Mataró

Hay pocos lugares de Mataró que concentren tanta historia en tan poco espacio como Can Cruzate. Una isla de menos de mil metros cuadrados, encajada entre la plaza Gran, la plaza del Ayuntamiento, la calle de en Palau, la de Santa Maria y el Carreró, que hoy presenta una imagen de degradación difícil de conciliar con su pasado. Pero las cosas podrían empezar a cambiar. El gobierno municipal y Junts per Mataró preparan la presentación de una propuesta de futuro para Can Cruzate, una de las actuaciones incluidas en el pacto de estabilidad presupuestaria y política entre ambas formaciones.

La previsión era presentarla este octubre, aunque la convocatoria electoral del 29 de noviembre puede alterar el calendario. Con la adquisición de la finca pendiente resuelta, el Ayuntamiento dispone de la titularidad del conjunto para plantear su transformación. El reto es mayúsculo: recuperar un espacio estratégico del Centro sin borrar las diferentes ciudades que se esconden.

El lugar donde se cruzaban las calles principales de Iluro

Para entender Can Cruzate hay que viajar casi dos milenios atrás. Precisamente en este lugar se cruzaban el cardo maximus y el decumanus maximus, los dos grandes ejes de la ciudad romana de Iluro. No era, pues, un rincón cualquiera: era uno de los cruces fundamentales de la ciudad antigua. Las excavaciones arqueológicas de 2008 descubrieron una extraordinaria domus romana de los siglos I y II d.C., probablemente una gran residencia acomodada que ocupaba toda una isla. Se documentaron el atrio, un estanque central o impluvium, columnas, pavimentos de mosaico y paredes decoradas con estucos de colores.

Entre los hallazgos también destacan monedas, objetos de uso cotidiano y fragmentos de vidrio, uno de ellos con la inscripción PETRUS e iconografía de los primeros tiempos del cristianismo. Un tesoro arqueológico que sigue condicionando cualquier proyecto urbanístico.

Can Cruzate desde la Plaça Gran. Foto: R. Gallofré


De la ciudad medieval al Mataró comercial

Con el paso de los siglos, el espacio siguió ocupando una posición privilegiada. La urbanización medieval y posterior de las calles de en Palau y el Carreró configuró un núcleo que concentraba buena parte de la actividad pública y económica. En esta isla tuvieron cabida dependencias municipales, una escribanía, carnicerías, un horno de pan comunal y, más adelante, la Escola d’Arts i Oficis. No era solo un conjunto de casas: era una pieza viva de la ciudad, vinculada al gobierno, a los oficios y al comercio cotidiano.

La proximidad con la plaza Gran, ampliada en 1773, refuerza esta centralidad histórica. Lo que hoy parece una isla dañada había sido durante siglos uno de los espacios más activos de Mataró.

El edificio de Can Cruzate o Cals Notaris


Ventanas góticas y modernismo entre las ruinas

Otra singularidad de Can Cruzate es que no todo el patrimonio corresponde a una misma época. El conjunto es un auténtico mosaico arquitectónico, con elementos protegidos de diferentes siglos. La finca que da nombre a la isla, Can Cruzate o Cals Notaris, conserva tres ventanales ojivales en el Carreró, vinculados a una reforma de 1905 de Melcior de Palau y Emili Cabanyes, con elementos modernistas.

En la calle de Santa Maria destaca la Casa Vila-Picó, en el número 22, con un extraordinario ventanal gótico de principios del siglo XVI, decorado con rostros humanos y figuras simbólicas de animales y seres mitológicos. Precisamente este julio, vecinos de la zona denunciaban que el deterioro de la piedra y la presencia de palomas amenazaban su conservación.

Justo al lado, Ca l’Antic, en el número 20, también forma parte del patrimonio catalogado, con elementos protegidos como las baldosas del balcón y la puerta, el letrero y el mobiliario de la antigua tienda. Incluso las calles que rodean la isla disponen de protección ambiental por su valor histórico.

Palomas en el ventanal de Can Cruzate. Foto: L. Rugama


Un cuarto de siglo esperando una solución

Can Cruzate lleva décadas esperando salir del callejón sin salida. En 2005 se convocó un concurso de ideas con 47 propuestas, del cual salió un proyecto que combinaba viviendas, comercios, equipamiento público y la preservación de elementos históricos. La crisis económica y los descubrimientos arqueológicos acabaron condicionando su viabilidad.

Posteriormente, otros planteamientos vinculados al Plan de Impulso del Centro tampoco se materializaron. Mientras tanto, los edificios han continuado degradándose hasta el punto de que en el verano de 2025 se tuvieron que realizar actuaciones de urgencia para evitar desprendimientos y garantizar la seguridad de la calle d’en Palau.

Ahora, el futuro de Can Cruzate vuelve a estar sobre la mesa. Y no es una cuestión menor: lo que se haga allí puede determinar la relación entre las dos plazas más emblemáticas del casco antiguo, revitalizar su actividad y recuperar patrimonio que hace demasiado tiempo que espera. Porque Can Cruzate no es simplemente una finca abandonada. Es una parte de Mataró que ha sido romana, medieval, comercial, institucional y residencial. Una pieza de ciudad con dos mil años de historia que todavía espera poder escribir su próximo capítulo.


Las noticias más importantes de Mataró y Maresme, en tu WhatsApp

  • ¡Recibe las noticias destacadas en tu móvil y no te pierdas ninguna novedad!
  • Entra en este enlace, haz clic en seguir y activa la campanita