Cuando la productora mataronina Clack Audiovisual decidió aventurarse en el mundo del cine de ficción, lo hizo con un proyecto que desbordaba magia y raíces culturales: ‘Chuzalongo’. Esta película fantástica, basada en una leyenda indígena ecuatoriana, se ha convertido en mucho más que una producción cinematográfica; ha sido un puente entre dos mundos separados por más de 10.000 kilómetros.
Esta coproducción internacional ha unido Cataluña con Ecuador, Perú y Canadá, y ha sido la primera experiencia de Clack en el mundo de la ficción después de decenas de documentales. Según Eloi Aymerich, productor de Clack, esta aventura comenzó en 2013, pero se consolidó en 2018 cuando conocieron a Diego Ortuño, director del filme. “Nos encontramos, fuimos a comer y allí nos habló de este cortometraje de leyendas y del nuevo proyecto. Nos pusimos a su lado”, recuerda Aymerich.
La leyenda de Chuzalongo: del folclore a la gran pantalla
El filme se basa en la leyenda de Chuzalongo, una historia muy arraigada en el imaginario popular ecuatoriano. Según la tradición oral, este ser fantástico aparece en forma de niño famélico y enfermo, y cuando una mujer del campo lo recoge y lo cuida con instinto maternal, él se transforma en un monstruo y se la come. Pero Diego Ortuño fue más allá del mito. “Investigando, vi que tenía un trasfondo muy potente, incluso real. Esta leyenda advertía a las mujeres de no ir solas al campo. Cuando profundizamos, descubrimos que hay historias de abusos de los ‘hacendados’ a las jóvenes campesinas”, explica el director. Así, ‘Chuzalongo’ no es solo una película de terror, sino también una reflexión sobre la desigualdad, la paternidad y el racismo en el contexto del Ecuador de 1895, un año de gran tensión con la Revolución Liberal.
Durante cinco años, desde marzo de 2018 hasta marzo de 2023, el equipo trabajó para sacar adelante el proyecto, en un proceso lleno de obstáculos. Ortuño destaca la dificultad del financiamiento, una realidad para las producciones independientes: “Los fondos públicos en Ecuador son concursales. Si no ganas, no tienes nada. Contamos con fondos de Ibermedia y coproducciones con Perú y Canadá”.
La importancia de ‘Chuzalongo’ va mucho más allá de su historia. Es la primera coproducción internacional donde se habla quechua, un hecho excepcional en una industria donde las lenguas indígenas a menudo quedan marginadas. “Imagínate que aquí no hubiésemos hecho cine en catalán”, comenta Aymerich. Esta apuesta por la diversidad lingüística y cultural ha sido una de las claves de su éxito.
El filme ha tenido un recorrido destacado por los festivales internacionales. Ha sido seleccionado en diez festivales, incluyendo el Fantaspoa de Brasil, el Macabro y Feratum de México y el Rojo Sangre de Argentina, obteniendo premios en ocho de ellos. Además, ha estado durante ocho semanas en cartelera en los cines ecuatorianos, alcanzando los 20.000 espectadores. Y aún más relevante: la Academia de Cine de Ecuador lo seleccionó como representante del país en los Premios Goya. Para Clack Audiovisual, ‘Chuzalongo’ ha sido mucho más que una coproducción. Aymerich no solo participó como productor agregado europeo, sino que también hizo de auxiliar de dirección e incluso de actor. “Era una oportunidad única. Fui una de las manos derechas de Diego, y también terminé interpretando al Doctor Romero”, explica. Ortuño añade: “Cuando diriges es complicado tener una visión externa. Viene bien tener otras voces que te ayuden a no equivocarte”.
Además, la película también ha contado con la colaboración del compositor mataronino Gerard Alís, quien ha aportado pinceladas musicales.
El camino es tan prolífico que da pie a hacerse una pregunta: ¿hay posibilidades de extender el fenómeno con un nuevo proyecto? ¿Podría haber una secuela? “Ideas hay muchas, pero el proceso es largo”, advierte Ortuño. En Ecuador, la producción cinematográfica no tiene el ritmo industrial de otros países, y levantar un proyecto de esta magnitud siempre es un reto.
Por su parte, Aymerich y Clack continúan trabajando en ficción. “Nos hemos dado cuenta de que lo relevante es contar historias, ya sea en documental o en ficción”. De hecho, ya están desarrollando un nuevo largometraje sobre el exilio republicano en colaboración con Francia, así como un cortometraje ambientado en el Pirineo sobre un diálogo intergeneracional y realismo mágico. “Después de ‘Chuzalongo’, estoy pensando en dirigir ficción”, confiesa Aymerich.
Un puente entre pequeños países y culturas marginadas
Más allá del éxito de la película, Aymerich y Ortuño coinciden en la importancia de dar voz a cinematografías periféricas e historias a menudo olvidadas. “Es muy bonito poner recursos para que el imaginario de los márgenes circule”, afirma Aymerich. “Que una idea indígena oculta, del sur, pueda salir y ser contada, da una mirada plural y diversa”.
Por eso, llevar ‘Chuzalongo’ a Mataró, donde se estrenó en enero en el Foment Mataroní, supone cerrar un círculo. Esta película ha servido para conectar dos realidades distantes y demostrar que, a pesar de las dificultades, el cine puede unir culturas, rescatar historias olvidadas y dar dignidad a las cinematografías periféricas.
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