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La escultura La Filosa: origen y significado dentro de la tradición textil mataronina

La figura que corona la Casa Coll i Regàs es mucho más que un elemento ornamental: resume la relación entre la familia, la industria textil y la Mataró de finales del siglo XIX

La mujer que, con una bobina de hilar en las manos, corona el portal de la Casa Coll i Regàs es una de las imágenes más reconocibles del Modernismo mataronense. Conocida como La Hilandera, la escultura ocupa el lugar más destacado de la fachada del edificio proyectado por Josep Puig i Cadafalch y construido en 1898.

Su ubicación no es casual. La Hilandera forma parte de un programa decorativo que convierte la casa en una representación de la identidad de su propietario y de la actividad económica que había hecho prosperar a su familia: la industria textil. La figura permite, por lo tanto, leer la Casa Coll i Regàs casi como un relato esculpido sobre piedra, cerámica y hierro.

Casa Coll i Regàs

Casa Coll i Regàs

La Hilandera, el símbolo de la casa

La La Hilandera representa a una joven ocupada en la actividad de hilar y sostiene una bobina. Su posición, justo sobre la entrada principal, la convierte en la figura más visible de todo el conjunto y en una referencia directa al mundo del hilo y de la fabricación textil.

La escultura forma parte de un programa ornamental en el que la industria textil es uno de los grandes hilos conductores. La fachada combina piedra de Montjuïc, cerámica, hierro, esgrafiados y vidrieras, con numerosos elementos vinculados al mundo del trabajo y de la producción. En el ámbito escultórico intervino Eusebi Arnau, uno de los escultores más destacados del Modernismo y colaborador habitual de Puig i Cadafalch.

La Hilandera no es, sin embargo, la única figura escultórica de la fachada. El conjunto incorpora otras representaciones relacionadas con el mundo textil, entre ellas arañas asociadas al hecho de tejer, que refuerzan la lectura industrial del edificio. También aparece una figura de mono con frac y sombrero de copa, un elemento singular que se ha relacionado con la difusión de las teorías evolucionistas de Darwin.

La filosa presideix la façana

La filosa presideix la façana

Pero es La Hilandera la que ocupa el lugar principal y la que resume mejor el mensaje de toda la fachada. Su posición hace que sea el primer elemento que identifica la casa y convierte la actividad textil en una especie de carta de presentación del propietario.

La figura se puede interpretar como una alegoría del trabajo y de la prosperidad de la familia Coll i Regàs, pero también como una representación del peso que la industria del textil tenía en la Mataró de finales del siglo XIX. No es solo la imagen de una mujer hilando: es la manera como el propietario incorporó a su propia casa la actividad económica que definía su estatus y que había contribuido a transformar la ciudad.

¿Quién era Joaquim Coll i Regàs?

Para entender por qué una hilandera preside la casa hay que conocer a Joaquim Coll i Regàs, el empresario que encargó su construcción. Nacido en Mataró en 1855, procedía de una familia vinculada a los oficios y a la industria textil.

Su padre y su abuelo paterno eran sastres, mientras que su abuelo materno, Feliciano Regàs, disponía de una fábrica donde Joaquim empezó a trabajar. La empresa familiar era continuadora de la actividad iniciada por Antoni Regàs i Borrell, ingeniero mataronense a quien se atribuye la invención de una máquina de hilar algodón a finales del siglo XVIII.

Joaquim Coll i Regàs

Joaquim Coll i Regàs

Con el tiempo, el negocio pasó a la rama materna de la familia y se especializó en la fabricación de géneros de punto, con diferentes emplazamientos en la ciudad. A finales del siglo XIX, la empresa vivía un período de crecimiento, favorecido, entre otros factores, por las exportaciones a Cuba y Puerto Rico.

En 1880, Joaquim Coll i Regàs se casó con Magdalena Surrià i Prats, con quien tuvo seis hijos. En 1896 adquirió dos casas de la calle de Argentona con la voluntad de construir una nueva residencia familiar. Para ello, encargó el proyecto a Puig i Cadafalch.

La casa que resultó no era simplemente una vivienda. Era también una expresión del poder económico alcanzado por la familia a través de la industria, y La Hilandera acabaría siendo la representación más evidente.

Casa Coll i Regàs

Interior de la Casa Coll i Regàs

Una casa construida alrededor de un relato

La relación entre el propietario y el textil no queda limitada a la escultura. La iconografía textil se repite a lo largo de la Casa Coll i Regàs, tanto en la fachada como en los espacios interiores.

La fachada incorpora cerámica con motivos relacionados con el algodón, hierro forjado, esgrafiados y otros elementos decorativos que forman un conjunto unitario. Esta combinación de arquitectura y artes aplicadas es característica de la manera de concebir los edificios del Modernismo.

En el interior, la misma voluntad se mantiene en la decoración de la planta baja. El vestíbulo y las diferentes estancias incorporan motivos florales, cerámicos y relacionados con el mundo del trabajo, mientras que los esgrafiados y otros elementos decorativos completan un programa que da continuidad al discurso de la fachada.

El edificio consta de planta baja, primera planta, buhardilla, patio y sótano. La planta baja, principal espacio visitable, concentra los espacios de relación familiar y se organiza alrededor de un espacio central iluminado por una gran claraboya. La casa, por lo tanto, no explica la historia de Coll i Regàs solo a través de La Hilandera. La Hilandera es la pieza que permite entender todo el conjunto.

La casa Coll i Regàs

Detalles de la fachada

Del hilado artesanal a la gran industria

El significado de la figura todavía cobra más fuerza si se tiene en cuenta el momento en que se construyó la casa. El hilado formaba parte de una tradición textil muy anterior a la industrialización, pero a finales del siglo XIX Mataró ya era una ciudad profundamente marcada por una industria textil mecanizada y en expansión.

La hilandera representa, así, una actividad antigua en un contexto nuevo. La figura remite a una manera tradicional de trabajar el hilo, pero aparece esculpida en la casa de un empresario que había hecho fortuna en una industria moderna y mecanizada.

Este contraste es una de las claves de su valor simbólico. La Hilandera no representa únicamente una herramienta o un oficio, sino la continuidad de una actividad que había pasado del trabajo artesanal a convertirse en uno de los motores económicos de la ciudad. En este sentido, la escultura conecta tradición y modernidad, dos conceptos que también definen buena parte de la arquitectura modernista.

VisiTa a la Casa Coll i Regàs

Visita guiada a la Casa Coll i Regàs

Puig i Cadafalch y la fachada que habla

El responsable de convertir este relato en arquitectura fue Josep Puig i Cadafalch, nacido en Mataró y una de las grandes figuras del Modernismo catalán. Había sido arquitecto municipal de la ciudad entre 1892 y 1896 y había desarrollado diversas actuaciones antes de proyectar la casa de Coll i Regàs.

La fachada muestra algunos de los rasgos más característicos de su lenguaje: una marcada influencia neogótica, combinada con cerámica, hierro forjado, escultura y otras artes decorativas. Aunque la autoría intelectual y el diseño del edificio corresponden a Puig i Cadafalch, la documentación del proyecto fue firmada formalmente por el arquitecto Antoni Maria Gallissà por motivos de tramitación administrativa.

La piedra de Montjuïc, la cerámica, los esgrafiados, el hierro y los vitrales forman un conjunto en el que prácticamente cada elemento contribuye a construir el carácter de la casa. En la parte escultórica intervino Eusebi Arnau, que dio forma a buena parte de las figuras que hoy identifican el edificio. Y en el centro de este programa se encuentra La Hilandera.

Puig i Cadafalch

Puig i Cadafalch

Una casa que explica la Mataró industrial

La Casa Coll i Regàs es especialmente significativa porque es el único casal de la burguesía mataronense construido en época modernista. Su arquitectura refleja el momento de esplendor de una clase empresarial que utilizaba también las viviendas como expresión de su estatus.

Por eso, mirar La Hilandera es también mirar la Mataró de finales del siglo XIX. Detrás de la figura hay una familia empresaria, una industria en expansión y una ciudad que estaba cambiando profundamente gracias al desarrollo del textil.

La casa funciona como un retrato de aquel momento. El fabricante, el trabajo, el hilo, la prosperidad y la nueva burguesía industrial quedan incorporados al mismo edificio. La Hilandera, situada sobre la puerta, hace visible desde la calle este relato.

Detall de la Casa Coll i Regàs, obra de Puig i Cadafalch

Detalle de la Casa Coll i Regàs, obra de Puig i Cadafalch

Más de un siglo como símbolo de Mataró

Joaquim Coll i Regàs falleció en 1904, pocos años después de la construcción del edificio. La casa pasó posteriormente por diferentes propietarios y también fue conocida como Casa Fontdevila. A finales del siglo XX pasó a manos de Caixa Laietana y, desde 2013, es propiedad de la Fundació Iluro.

El edificio fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN) en el año 2000, en reconocimiento a su valor patrimonial. Hoy, la Casa Coll i Regàs sigue siendo uno de los grandes iconos arquitectónicos de Mataró. Pero entre las muchas piezas que forman este conjunto, hay una que concentra especialmente bien su historia. La Hilandera mira desde hace más de un siglo hacia la calle de Argentona. La joven que sostiene la bobina de hilar es, a la vez, una figura escultórica, una alegoría del trabajo y un recuerdo del pasado industrial de la ciudad. 

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