Los lectores de Capgròs se acordarán de Eduard Farinyes. El de este mataronense es uno de los muchos nombres propios que han sido noticia como víctimas del sistema financiero inmobiliario que pasa por encima de las personas y sus derechos por puro lucro especulativo. Este mataronense ganó un primer juicio contra el fondo buitre que lo quería echar del piso donde ha vivido 25 años, donde tenía un contrato de alquiler social, pasando por encima de todo. Su caso ha proseguido y en este artículo, en primera persona, actualiza el estado de la cuestión con más capítulos plenamente ilustrativos de cómo puede llegar a funcionar el sistema inmobiliario cuando cae en determinadas manos.
Este es su relato:
"Hay una clase de arte de lucro que se suele llamar, y con razón, crematística, según la cual la riqueza y la propiedad parecen no tener ningún límite [...] La verdadera riqueza consta de valores de uso; pues la medida de este tipo de propiedad suficiente para la buena vida no es ilimitada." — Aristóteles, Política (1257a-1258a).
La práctica de deshacerse de activos de empresas que especulan con la vivienda es una bomba de relojería que acabará por enfrentar a las comunidades de vecinos, los barrios y las personas que más difícil lo tienen para acceder al derecho a una vivienda digna.
El pasado 17 de julio recibimos la noticia de que los juzgados de Mataró nos daban la razón en el contencioso que nos enfrenta a Promontoria Coliseum Real Estate —fondo de inversión con participación de Cerberus—. Como era de esperar, la propiedad no aceptó la sentencia del juzgado e interpuso recurso, lo cual llevó la causa a la Audiencia Provincial de Barcelona.
Cuando todavía no se ha resuelto el recurso en Barcelona, Promontoria, a la cual, por medio de sus interlocutores —despachos de negociadores que no tienen nada que ver con la empresa—, se le hizo saber, por activa y por pasiva, nuestra voluntad de sentarnos y negociar, solo nos respondió con ridículas ofertas económicas que no nos garantizaban el acceso a una nueva vivienda con las circunstancias económicas actuales.
Lejos de querer llegar a acuerdos con una negociación, Promontoria opta por una práctica cada vez más habitual: vender el piso con los ocupantes dentro y con la resolución judicial todavía pendiente de resolver. Una práctica que también se ha visto últimamente en la compra de bloques enteros de inquilinos, a los cuales se les comunica que la nueva propiedad no tiene la intención de renovar contratos y quiere recuperar sus propiedades.
La otra cara de la moneda es esta nueva práctica de poner en venta los pisos "ocupados" muy por debajo del precio "normal" que tendría ese mismo inmueble en otra situación, la que originalmente es la intención de quienes han ejercido la propiedad y se han negado a negociar. Ante una negativa por parte de los juzgados que quizás no esperaban, lejos de querer actuar con responsabilidad social, eligen la opción que menos pérdidas —si es que tienen alguna— les produce, obviando —o no— los riesgos sociales que comporta esta práctica cada vez más habitual, porque cada vez es más frecuente la sensibilización de la gente con respecto al problema de vivir dignamente.
Muchos de estos pisos con personas que los habitan son adquiridos por particulares que, aprovechando que el piso se vende por debajo del precio de mercado, lo ven como una oportunidad para poder dejar de estar de alquiler. Pero les será necesaria una nueva denuncia contra los inquilinos para poder hacer uso de lo que han comprado. La proliferación de múltiples oficinas inmobiliarias con un tanto por ciento muy elevado de la oferta de pisos ocupados, y a unos precios muy bajos que atraen otro tipo de especulación, pienso que es más peligrosa de cara a una buena convivencia que la anterior y que puede no dejarnos ver que la causa del problema sigue siendo la política especulativa, considerando la vivienda como una mercancía en lugar de como un derecho universal.
Quizás es legal comprar un piso con una situación que requiere mediación legal y que de otra manera no sería tan fácil adquirir, pero me genera graves contradicciones éticas.
La venta de pisos con familias dentro puede aligerar los balances de los fondos de inversión, pero traslada el conflicto a las comunidades, a los barrios y a personas que a menudo solo buscan un lugar donde vivir dignamente. Quizás esta es la consecuencia más profunda de la mercantilización de la vivienda: cuando un hogar se convierte exclusivamente en un activo financiero, deja de considerarse un espacio de vida para convertirse en una pieza más dentro de una operación económica. El problema ya no es solo quién gana o quién pierde en una transacción, sino qué pasa con una sociedad que acepta que el derecho a la vivienda quede subordinado a la lógica del máximo beneficio. Porque hay realidades que, cuando se tratan únicamente como una mercancía, pierden parte de su sentido y de su valor social.
Sandel, M. J. (2012). What Money Can't Buy: The Moral Limits of Markets. New York: Farrar, Straus and Giroux.
Ya en el siglo XIX, Engels advertía que las consecuencias sociales de determinadas formas de organización económica no pueden desvincularse de la responsabilidad moral que comportan. Lo expresaba en Die Lage der arbeitenden Klasse in England [La situación de la clase trabajadora en Inglaterra]:
"Cuando un individuo causa un daño a otro sabiendo de antemano que las consecuencias serán mortales, comete un asesinato; [...] cuando una sociedad niega a miles de individuos las condiciones de vida que no pueden pasar por alto; cuando los constriñe, mediante la ley férrea de la necesidad, a permanecer en situaciones que inevitablemente han de conducirlos a la muerte; cuando sabe que miles han de sucumbir en estas condiciones y, no obstante, permite que estas situaciones perduren, esto también es un asesinato, un asesinato premeditado. Un asesinato contra el cual la víctima no se puede defender, que no parece un asesinato común porque no se ve al asesino, porque el asesino es todo el mundo y nadie a la vez, porque la muerte de la víctima parece una muerte natural, ya que es menos el acto que la omisión lo que constituye el delito. Pero, sin embargo, es un asesinato."
Engels, F. (1845). Die Lage der arbeitenden Klasse in England. Leipzig: Otto Wigand.
Eduard Farinyes — Mataró, mayo-junio de 2026