Entrevista a Marc Vilajuana
Entrevista a Marc Vilajuana

Marc Vilajuana: "Cada concierto depende del espacio, de como me resuena"

Entrevista al cantautor, músico, solista, instrumentista, actor... mataroní, Marc Vilajuana

Marc Vilajuana es de Mataró, pero pasa poco por aquí. Uno de los artistas más polifacéticos de la nueva hornada local. Es cantautor, músico, solista, instrumentista. Todo un inquieto que va y viene, de Galicia, Occitania o por Cataluña. A su edad ya suma 15 años de trayectoria que se mueve entre diversos ámbitos artísticos, desde la canción de autor hasta la música medieval, pasando por el canto gregoriano y su fusión con la música electrónica con el proyecto ‘Gregotechno’, del que se hablará. Polifacético e inquieto, como la pandereta que lleva encima. Habla francés y gallego. Ha colaborado en proyectos muy diversos (incluso interpretó al robot 6Q en el Club Super 3), ofreciendo talleres y conferencias en museos, así como participando en festivales de pensamiento y música medieval. Vilajuana dice que hace lo que hace y actúa donde actúa porque le resuena, una filosofía que se refleja en cada una de sus actuaciones y que desgranamos en esta entrevista. 

¿Cómo te defines?

Soy trabajador cultural y me dedico sobre todo a la música. Soy un cantautor catalán que también hace folclore ibérico y música antigua, como cantante e instrumentista. Empecé haciendo teatro en el Aula de Teatre de Mataró, después pasé a la danza y finalmente llegué a la música. Más que el género de la expresión, me interesa lo que se expresa.

¿Por qué este interés en la herencia histórica?

Porque creo que es necesario estudiar mucho el medio antes de opinar sobre él. Hay músicas que surgen mucho desde la intuición o la inspiración, pero yo prefiero hacer una investigación previa de un género para después hacer lo que haga falta: reinterpretarlo o incluso desmontarlo. Aquellos géneros que tienen una mirada histórica siempre son más ricos, más puros, tienen más peso.

¿Cómo es tu rutina creativa?

Totalmente cambiante. No tengo horarios ni estoy quieto en ningún sitio, salvo cuando hago residencias de estudio concretas. Yo tengo la suerte de haber llegado a trabajar en proyectos propios y no para otros. Puede ser en solitario, en dúo o colectivo, pero son míos y puedo gestionar mi tiempo. Viajo porque me encantan los idiomas y, sobre todo, estar en un espacio donde no termino de entender lo que ocurre. Donde haya historia, misterio, donde se pueda investigar, ahí me siento atraído e interesado. Siempre es interesante que todo sea un aprendizaje continuo.

¿Qué lugares son especiales para ti?

Siempre viajo, pero no voy lejos porque el viaje realmente siempre es interior. Me gusta moverme en transporte público, como trenes o autobuses. O en bicicleta. La cultura francesa me apasiona y, más concretamente, la occitana. ¡La tenemos más cerca que Madrid! Occitania es uno de esos lugares, y el otro podría ser Galicia. Es un lugar donde la cultura popular está muy viva y presente y también tiene una lengua propia. Tengo la suerte de haber nacido en Cataluña y, por tanto, tener dos lenguas maternas: eso me ha predispuesto a conocer muchas más. Con Galicia he conectado mucho a partir de la técnica de tocar la pandereta y cuando descubrí cómo trabajan el folclore, muy arraigado en lo popular y no con ganas de museizarlo, me cautivó mucho. En todos los lugares que visito planto semillas que van germinando poco a poco, y lo que más agradezco es que cada vez más en zonas rurales. 

¿Cómo conectas con los espacios?

La mayoría de las veces me piden actuar en recintos que ya resuenan con la historia. Hago una investigación específica para ese espacio y cada concierto se piensa según este. Dependiendo de la acústica y de muchos factores, hago un planteamiento musical u otro. Cada concierto es diferente porque la creación se nutre mucho del espacio. El entorno, el público, la ocasión pueden estar cargados de poética.

¿Cómo llegaste al canto gregoriano?

Fue un flechazo a primera vista. Mi primo me dio un videojuego y la banda sonora estaba inspirada en música histórica. Cuando descubrí el canto gregoriano fue un impacto y ver que podía especializarme en él me llenó mucho. Empecé a escucharlo, busqué cómo formarme para cantar, aprendí francés, etc. El gregoriano no es solo cantar: es el latín, es la comprensión del espacio, es la liturgia. Hay que conocer cómo se escribía la música antes de las partituras…

¿Y cómo llegaste a Gregotechno?

Tengo una sensibilidad espiritual que me hace elegir aquello que más me conmueve. Llegué a Gregotechno a través de una reflexión que me llevó a ver que toda la liturgia cristiana es muy platónica y poco experiencial, y con el techno intentamos encarnar la música sacra. La electrónica complementa la música gregoriana. Era una idea que tenía en la cabeza, conocer a Alejandro fue un hallazgo y ahora somos un equipo de 15 personas cuando actuamos.

Separas religiosidad de espiritualidad.

Yo creo que la espiritualidad siempre debe tener una mirada crítica: no puedes ir a misa por inercia. Si vas, es porque crees en lo que estás haciendo y comulgas con lo que te dicen. Yo intenté entrar en el cristianismo, pero vi que no conectaba. Mi espiritualidad es más abierta y abarca eso, la improvisación, el ‘noise’. Estoy preparando un tercer disco que, por ahora, se llama ‘Sacro subjetivo’ porque creo que todo lo que experimentamos como sagrado es lo que realmente importa. Debemos autogestionar nuestra espiritualidad.

¿Tocas otras músicas sacras?

Estuve en un coro de música georgiana. Pero también insisto en que lo sagrado puede ser lo más personal. Hay una canción gallega que habla sobre la muerte y que cantan cuando terminan las fiestas que me parece lo más sagrado que se puede cantar.

¿Proyectos a largo plazo?

No muchos. Tengo la suerte de haber podido trabajar siempre en el arte y veo que las cosas cada vez me van mejor. Las condiciones en las que trabajo, las técnicas que toco y cómo las voy dominando… cada vez todo es más maduro y van surgiendo oportunidades. Tengo la suerte de que el movimiento genera movimiento y vienen a buscarme. Espero que no cambie.

¿De qué te sientes más orgulloso y de qué te arrepientes como creador?

Estoy muy orgulloso de mi primera pieza como solista, que eran 50 minutos sobre la identidad y donde me mostraba mucho a mí mismo. Y creo que he tenido la suerte de tener claro qué quería hacer y qué no, por eso, como actor, me propusieron hacer películas que no me apetecía hacer por su narrativa y principios y estoy contento de haber dicho que no. Donde no resueno, no quiero estar.

Preparas disco. ¿Las canciones las buscas o vienen a ti?

Vienen ellas, siempre. Hay un momento en el que hay una agitación emocional y entonces es cuando aparecen las canciones. Cada una es un aquí y un ahora de un momento muy concreto. 

¿Hay algún espacio en Mataró en el que te gustaría tocar?

Lo tengo clarísimo: la capilla del cementerio de los Capuchinos de Mataró. Acústicamente es increíble y realmente sería sensacional. Espero con muchas ganas que algún día me llegue la oportunidad. 

¿Por qué has elegido hacerte la foto con la Torre Barceló?

Porque es uno de los grandes símbolos de la inflación inmobiliaria que hay en Mataró. Se construyen pisos que son inaccesibles para la mayoría de la población y de eso no se habla. Al mismo tiempo, hay una línea constante de desahucios que solo el Sindicato de Inquilinas está intentando frenar y defender a la gente. La imagen que busco es que hable por sí sola, que a través de la cultura, que es mi herramienta, y a través del instrumento pueda denunciar la situación ante ese monstruo.


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