Hay historias que no se pueden dejar perder. Historias que no salen de los libros, sino del olor a sal, del sonido de las herramientas de los maestros de ribera, de los gritos de los pescadores cuando volvían a puerto. Historias que forman parte del latido de Mataró. Nuestra ciudad, desde los tiempos de Ilduro, siempre ha vivido de cara al mar, y el mar siempre nos ha devuelto identidad, trabajo y futuro.
Pero hoy, este pasado tan arraigado corre el riesgo de quedar en silencio. Mientras muchas poblaciones conservan con orgullo una vieja embarcación que les recuerda de dónde vienen, Mataró —ciudad de marineros, cordeleros, calafates y pilotos— no tiene ninguna barca que explique, a simple vista, quiénes somos.
Y aquí es donde entra en juego la «Montserrat», el último laúd mataronense construido a la manera antigua por manos expertas que ya no están. Ahora reposa, cansada y dañada, en la playa de Pekín, a la entrada del puerto. Es una barca que ha vivido, que ha navegado, que ha visto tormentas y jornadas de calma. Una barca que aún podría explicar tanto… si le damos la oportunidad.
Su propietario, con una generosidad conmovedora, ha expresado que estaría dispuesto a cederla gratuitamente a la ciudad. Es un gesto que dice mucho: cuando un patrimonio se rompe, todos perdemos; pero cuando lo recuperamos, nos reencontramos.

Un símbolo que puede unirnos
Si la «Montserrat» se restaura y encuentra una ubicación digna —un espacio que hable de nuestro pasado con la misma fuerza que lo hace el tranvía— Mataró recuperaría mucho más que una barca. Recuperaría:
- un símbolo de identidad,
- un puente entre generaciones,
- un mecanismo para explicar a los niños de dónde venimos,
- un espacio para celebrar la cultura marinera,
- un recuerdo físico y vivo de todo lo que el mar ha significado para nosotros.
La madera se estropea si no la cuidamos. La memoria, también.
Por eso desde la ADEPAC Asociación en Defensa del Patrimonio Cultural de Mataró y El Maresme, hacemos un llamamiento a preservar este tesoro que aún está a tiempo de renacer.
La «Montserrat» no es solo una barca.
Es una oportunidad.
Es un legado.
Es una historia que nos pide ayuda antes de quedarse muda.
Hacemos que vuelva a hablar.
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