La de Pep Andreu es, seguramente, la voz más conocida de Mataró. También es el rostro más identificable en la Televisió de Mataró, el medio que contribuyó a estrenar hace 42 años y del que ahora se ha jubilado, a finales de junio. Pep Andreu ha hecho todos los papeles del auca de todas las etapas vividas por un medio sin el cual no se pueden entender ni la ciudad ni sus latidos. Hablar con él cuando se jubila laboralmente —ya nos anticipa que no se estará quieto— es pasar revista a cuatro décadas y pico de ciudad.
¿Por qué te marchas ahora?
Porque me toca por edad, porque me encuentro en forma y porque todavía puedo irme decidiéndolo yo. Le he dado muchas vueltas. No me gusta mirarme mucho, porque siempre encuentro cosas que habría hecho de otra manera, pero a veces me observo y pienso que todavía estoy bien. Y siempre lo digo: más vale retirarte a tiempo que no que te tengan que ayudar a retirarte.
Has sido 'de toda la vida' de Televisió de Mataró.
Sí, porque yo era el último pionero que quedaba en activo. Empezamos en 1984. Éramos el núcleo fundacional, con Lluís "Bis" Lligonya como pilar. Él convenció a unos cuantos para sacar adelante la televisión y la creamos desde cero. Cuando digo desde cero quiero decir literalmente: subimos a Montcabrer con una hormigonera, montamos la antena, pelamos cables para hacer conexiones en los diferentes locales que hemos tenido, pintamos paredes y hicimos todo lo necesario. Al principio incluso poníamos dinero de nuestro bolsillo. Hace unos años se jubiló Jaume Puig y ahora quedaba yo como último de los fundacionales.
¿Cómo llegaste a aquel grupo de pioneros?
Todo viene de la radio. Yo empecé haciendo radio en una emisora que estaba en la avenida Recoder. Después pasé por la Cadena 13, en la Riera. En aquella época también hacía cine amateur con un buen amigo, Jacint Fornols. Él me dijo que había un hombre, Bis Lligonya, que quería hacer un cursillo de vídeo. Entonces el vídeo era una tecnología nueva, modernísima, aunque ahora nos parece absolutamente obsoleta. Aquel cursillo fue el inicio de todo. Supieron que en Cardedeu estaban montando una televisión y Bis dijo: si en Cardedeu pueden montar una tele, ¿por qué no podemos montar una en Mataró? Y así empezó la aventura.
Los inicios eran precarios pero la vocación periodística ya estaba.
Sí. Éramos un colectivo cultural sin ánimo de lucro, pero teníamos muy claro que no hacíamos aquello para ganarnos la vida, sino porque creíamos que había un vacío informativo en Mataró y que la televisión lo podía cubrir. Desde el primer momento entendimos que, si lo hacíamos, lo teníamos que hacer tan seriamente como fuera posible y con criterio periodístico. Nos mirábamos mucho TV3, que acababa de nacer, y también Televisión Española. Queríamos parecernos al máximo a las televisiones serias. No queríamos ser una tele de cuatro amigos que se reunían para charlar. Queríamos hacer informativos con cara y ojos.
¿Esta independencia periodística se ha mantenido?
Sí, y creo que ha sido fundamental. Ideológicamente, al principio éramos muy diversos. Había de todo. Pero eso nunca fue un obstáculo; al contrario. Esta diversidad nos ayudó a garantizar pluralidad y a dar voz a todo el mundo. El respeto a la independencia se ha mantenido porque este criterio lo implantamos desde el primer día. Lo llevamos en el ADN.
¿Se jubila tranquilo respecto al futuro de este ADN?
Sí, me jubilo en un momento muy dulce. Ha habido épocas en las que hemos sufrido muchísimo: por la situación económica, por si dejaríamos de existir como medio o por otras circunstancias. Hubo momentos en que pensé que me marcharía, pero no habría querido irme cuando las cosas iban mal dadas o cuando la situación te obliga. Ahora me voy haciendo el trabajo que me gusta y en un momento bueno. El barco navega bien.
Su voz ha sido omnipresente. Más que la imagen.
Como yo venía de la radio, enseguida empecé a poner voz. Hubo una época en la que hicimos un uso y abuso de mi voz, pero es que éramos pocos y cada uno asumía muchos roles. Durante un tiempo, toda la publicidad que emitíamos, que era mucha, la hacía yo. Incluso me han reconocido en una tienda solo por la voz.
¿La duplicidad de televisiones locales fue uno de los momentos más delicados?
Sí. De hecho, hubo dos, de duplicidades incluso. La más reciente la de la época de Maresme Digital y nosotros. Al final, la lógica se acabó imponiendo. No tenía ningún sentido ir a las ruedas de prensa con dos cámaras, dos micrófonos y dos equipos haciendo prácticamente las mismas noticias.
Como presentador, ¿con qué programa cree que mucha gente le identifica más?
Probablemente con las tertulias. Aquellas tertulias se alargaban mucho, a veces hasta las dos de la madrugada, y tenían muchísima audiencia. También es cierto que no había la competencia de ahora: no había redes sociales ni todo el ecosistema actual. Al día siguiente, o el fin de semana, encontrabas gente por la calle que te comentaba lo que se había dicho en el programa. Tocábamos todos los temas, pero creo que la gente recuerda especialmente la tertulia de los sabios, con Cuyàs y compañía. Antes del programa íbamos a cenar al Caminetto y allí ya empezaba una liturgia previa.
Una de las últimas tareas que has asumido es el archivo.
Con el archivo he disfrutado muchísimo, porque prácticamente lo recuerdo todo. Cada día podemos recuperar una noticia de hace 10, 15, 20, 30 o 40 años. Pero lo más interesante no es solo enseñarla, sino contextualizarla: explicar aquello que no sale en la noticia para que la gente lo entienda.
Conociendo el archivo, se ven culebrones de ciudad...
Hay muchos. El de El Corte Inglés, evidentemente, es un gran serial. Pero también está todo el debate sobre qué se debe hacer con la Nacional II. También ha habido los laterales de la autopista, la prolongación de la C-32 ... Son debates que no se han terminado nunca del todo.
Y ahora qué. ¿Desconectarás?
El modo periodista no lo sé desconectar. En casa han tenido una santa paciencia, sobre todo en momentos en que me ha tocado estar más al frente del proyecto. De vacaciones, de fin de semana o cuando fuera, siempre con el móvil pendiente, atendiendo llamadas, pensando si se tenía que cubrir una cosa, quién podía ir, cómo lo haríamos.
¿Cómo serán las primeras Santas sin tele?
Serán especiales. Las quiero vivir, pero no sé si las sabré vivir como un vecino cualquiera que va a los actos y punto. Mi mujer me dice que no quiera vivir todo aquello que antes explicaba yendo a todas partes, porque tampoco hace falta.
¿Te han propuesto entrar en política?
Sí, alguna propuesta he tenido a lo largo de estos 42 años. No para ser alcalde, pero sí para entrar en alguna lista. No diré quién ni cuáles, porque ha habido varios. Supongo que tiene que ver con el hecho de que mediáticamente eres una persona conocida y alguien puede pensar que esto puede atraer votos. Siempre he dudado inicialmente, pero sabiendo que al final la respuesta sería que no. Trabajar por tu ciudad y poder contribuir a decidir cosas es muy bonito, pero también debe ser muy complicado. Con estos 42 años me he ganado un cierto respeto. La gente por la calle me explica cosas como si fuera de los suyos. Si entrara en política, esto cambiaría.
¿Y cómo ves Mataró?
En un momento relativamente dulce. Si comparamos el Mataró actual con el de hace 42 años, cuando prácticamente estaba todo por hacer, la ciudad ha evolucionado de una manera brutal. Se ha religado mucho mejor. Hay cosas que hay que acabar de arreglar y se tienen que volcar muchos esfuerzos. Creo que Rocafonda y Cerdanyola necesitan actuaciones urbanísticas importantes. Hay que esponjar, abrir espacios verdes y hacer que se viva de una manera más amable. Esto hará que la convivencia sea más amable y que haya oportunidades.
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