Carregant...
Quim Monzó, en el centro, durante una presentación en Robafaves. Foto: Marga Cruz

Vern Bueno Casas

Robafaves: cuando Mataró tuvo 'más que una librería'

La memoria del mítico establecimiento vuelve con fuerza a raíz de la muerte de Xavier Vilert, uno de los impulsores de la histórica librería cooperativa que convirtió Mataró en un epicentro literario de Catalunya, con luces y también sombras

La muerte de Xavier Vilert, el pasado domingo a los 74 años, ha reabierto inevitablemente una página fundamental de la historia cultural y comercial de Mataró. Para diversas generaciones de mataronenses, hablar de la histórica librería Robafaves de la cual Vilert fue uno de los fundadores, no es solo recordar un negocio dedicado a los libros. Robafaves es uno de los símbolos de la historia, la cultura, el comercio y la vida cotidiana de Mataró del último medio siglo. Uno de los frutos más destacados del trabajo de una generación que se dejó la piel durante la transición para dar vida y color a la ciudad gris que había dejado el franquismo.

Casi desde sus inicios, Robafaves fue mucho más que una librería, con una trayectoria llena de luces pero también de sombras: Protagonista de algunos de los momentos más brillantes de los últimos 50 años en la ciudad, también lo fue de los más tristes con su cierre, abrupto y sonado, después de haber estirado más el brazo que la manga por las ansias expansionistas de sus promotores y de una serie de alianzas dudosas, que hicieron que la ciudadanía que tanto se la había querido le acabara dando la espalda.

Costaba imaginarse el latido cultural de Mataró sin Robafaves y su gente

Un final que no puede hacer olvidar que, durante muchos y muchos años, cualquier paseo de los mataronenses y de los forasteros por el centro de la ciudad acabara, de una manera u otra, entrando en el número 9 de la calle Nou. Costaba imaginarse el latido cultural de Mataró sin Xavier, Pep, Toni, Montse, Roc al frente de la también crucial sección de discos, Judith, Enric y tantos otros libreros socios de la entidad charloteando con los clientes; con las madres y padres revolviendo entre la pila de libros -era una librería de las de verdad, de fondo y no solo de novedades- mientras los hijos hacían carreras por los largos pasillos.

El local de la calle Nou, 9: la Llibreria Robafaves. Foto: R.Gallofré

Sin las conversaciones improvisadas de la parroquia, sin las presentaciones de libros en el hall central, sin el refugio climático los días más calurosos del verano o cuando un chaparrón repentino mojaba la ciudad. Robafaves era un punto de encuentro antes de que este concepto se convirtiera en una etiqueta de marketing cultural, y un espacio más que necesario en una ciudad que nunca ha ido sobrada de equipamientos culturales de calidad.

Los orígenes de una aventura singular

La historia de Robafaves comenzó a mediados de los años setenta, en plena Transición, cuando un grupo de jóvenes vinculados al movimiento cultural y cooperativista impulsaron una librería que debía ser mucho más que un comercio. Entre aquellos jóvenes se encontraba el propio Xavier Vilert, junto con Pep Duran y otros miembros de una generación que entendía la cultura como una herramienta de transformación social y de construcción colectiva, el mismo espíritu que llevó a la recuperación y revitalización de Les Santes y a tantas otras iniciativas sociales y culturales que hoy son el pilar fundamental de la ciudad.

Miquel Martí i Pol en la librería Robafaves, el año 1999. Foto: Fundació Miquel Martí i Pol

Robafaves nació en plena transición, de la mano de una generación que transformó la ciudad

Robafaves nació bajo el paraguas de la Unió de Cooperadors y se formalizó como cooperativa el año 1978. El nombre elegido, el del mítico y estimadísimo gigante de la ciudad, ya era toda una declaración de principios: arraigo local, cultura popular e identidad mataronense. Aquella apuesta tenía mucho de voluntarismo y también una cierta dosis de utopía. Mataró no era capital de provincia ni gran metrópoli cultural, pero Robafaves aspiraba a jugar en la misma liga que las grandes librerías independientes de Barcelona. Y durante muchos años lo consiguió.

La librería se convirtió, y esto se puede decir con todo el orgullo 'capgròs' posible, en un referente nacional en literatura catalana, pensamiento, libro infantil y juvenil y dinamización cultural. Por sus salas pasaron autores, editores e intelectuales de primer nivel. Las presentaciones de libros llenaban el local. Los clubes de lectura, las actividades infantiles y las recomendaciones personalizadas convirtieron Robafaves en una institución.

No era habitual que una ciudad como Mataró tuviera una librería considerada entre las mejores de Catalunya. Todavía menos una cooperativa cultural con tanta influencia. Robafaves consiguió que mucha gente de fuera de la ciudad la visitara expresamente. Para los lectores del Maresme, era casi un templo.

La calle Nueva, el corazón cultural de la ciudad

El local de la calle Nou acabó formando parte del imaginario colectivo mataroní. Para muchos niños, era el lugar donde se compraba el primer cuento. Para generaciones de estudiantes, el único lugar donde comprar los libros de texto, las lecturas obligatorias o los títulos que los acompañarían durante sus carreras universitarias.

En una ciudad carente de grandes equipamientos culturales, Robafaves ocupaba muchos huecos

Para muchos adultos, una parada obligada cada sábado, en una experiencia que, como toda librería que merezca su nombre de verdad, iba mucho más allá de la transacción económica a cambio de un producto. Había quien iba sin necesidad de comprar nada. Simplemente para hojear libros, para ver las novedades o para encontrarse con alguien conocido. Durante muchos años, costaba dar un paseo por el centro sin acabar cruzando su puerta. La librería ejercía casi de plaza pública intelectual.

Jordi Pujol en la Llibreria Robafaves. A su izquierda, Xavier Vilert. Foto: Anna Aluart

La riada de 1981: el primer gran rescate

La historia de Robafaves también está marcada por episodios dramáticos. Uno de los más recordados es la inundación de 1981. Aquella riada afectó gravemente la librería y dañó más de tres mil libros. El semanario El Maresme lo explicó con una portada que todavía hoy muchos recuerdan. El periodista Josep Maria Fàbregas cifraba las pérdidas en cerca de un millón y medio de pesetas.

Aquella vez, sin embargo, Robafaves salió adelante. La ciudad respondió. La librería era percibida como un patrimonio colectivo, casi como una parte del mismo Mataró que había que proteger. Con los años, aquella imagen de los libros empapados acabaría adquiriendo un valor casi simbólico. Robafaves sobrevivía a las adversidades y parecía destinada a resistirlo todo. Pero no fue así

La ambición de crecer

Durante los años noventa y primeros 2000, Robafaves vivía su momento de máximo esplendor. La cooperativa se expandió con nuevos espacios especializados, apostando por la literatura infantil en el número 27 de la misma calle Nou -la Casa del Bisbe con aquel precioso patio- y a los libros de bolsillo y las publicaciones en idiomas en el local adyacente.

Robafaves no paraba de expandirse, incluso más allá de la ciudad con la compra de Catalònia

El mismo establecimiento de la calle Nou se amplió por arriba y por el lado. Robafaves no paraba de crecer, incluso más allá de la ciudad; el año 2002 compraba el 51% de Catalònia, la histórica librería de la ronda Sant Pere de Barcelona fundada el año 1924. Robafaves intentó competir en una liga cada vez más difícil. Y quizás creció demasiado.Aquella expansión respondía a una voluntad de crecer y consolidar un modelo cultural alternativo. Pero también comportó riesgos enormes y empezó a generar ciertas antipatías y recelos. El sector editorial empezaba a transformarse: llegaban las grandes superficies, cambiaban los hábitos de consumo e internet empezaba a alterar el mercado del libro.

Precisamente, impedir que establecimientos como FNAC vieran en Mataró una plaza interesante llevó a Robafaves a unirse a una de las grandes cooperativas culturales catalanas, Abacus, para impulsar Actua, aquella gran librería-papelería que abrió puertas el año 2005 en Can Xammar que acabó siendo un estrepitoso fracaso. Abacus acabó asumiendo la deuda del negocio, quedándose con todo y al cabo de unos años, cerrando aquel local para reubicarse en la Riera, donde sigue hoy en día.

Pero Actua fue el principio del final para Robafaves. El endeudamiento derivado de la expansión, sumado a la crisis económica y a la caída de ventas, fue deteriorando la situación financiera de la cooperativa. El proyecto que durante años había parecido indestructible empezaba a mostrar grietas.

Del símbolo estimado a la incomprensión

Los últimos años de Robafaves fueron complejos y emocionalmente contradictorios para la ciudad. Las dificultades económicas comportaron que la librería fuera volviendo a su estado original, a su corazón de la calle Nou, 9, desprendiéndose del resto de locales. Pero el mal ya estaba hecho. La campaña “SOS Robafaves”, impulsada en 2012 para recaudar 250.000 euros y así intentar salvar la cooperativa, movilizó a clientes y personas vinculadas al mundo cultural; pero no fue ni mucho menos suficiente. Se puede decir que buena parte de la ciudadanía dio la espalda al grito de auxilio desesperado de los libreros, porque no se sintió interpelada.

Campaña para intentar salvar Robafaves, el año 2012. Foto: R.Gallofré

La ciudadanía acabó dando la espalda a un negocio que había generado antipatías

Un grueso importante de los mataronenses reprochaba a los responsables del proyecto una gestión demasiado ambiciosa o poco prudente. Otros consideraban que la librería había perdido parte de su espíritu original, y no le perdonaban las veleidades expansionistas ni los acuerdos con gigantes del sector. También hacían daño las acusaciones, más o menos fundamentadas, de haberse beneficiado excesivamente del apoyo del Ayuntamiento en todas estas operaciones.  Lo que durante décadas había sido casi intocable empezaba a generar división. Fue un proceso doloroso. Sobre todo porque afectaba a un símbolo emocional de la ciudad.

Robafaves ya no era solo una empresa con problemas económicos: era un trozo de memoria colectiva que se desmoronaba ante los ojos de todos. Cuando el cierre definitivo acabó llegando, el año 2013, muchos mataronenses sintieron que desaparecía algo más profundo que una librería. Se acababa una manera de vivir el centro de Mataró.

De hecho, se puede decir que el adiós de Robafaves marcó el inicio de un proceso de transformación que han dejado irreconocible, a nivel comercial, el casco antiguo de la ciudad, con la desaparición de muchos otros comercios emblemáticos y también de grandes marcas. De hecho, el local del Carrer Nou estuvo vacío durante seis años; se acabó instalando una clínica oftalmológica

La continuidad de una ciudad librera

La desaparición de Robafaves dejó un vacío sentimental y cultural enorme, pero la ciudad supo mantener viva su tradición librera. Y eso explica que, a pesar del golpe, Mataró continúe siendo hoy una ciudad con librerías de referencia.

Dòria Llibres y Buc de Llibres han llenado el vacío de manera exitosa

De hecho, el mismo año que Robafaves bajaba la persiana, en 2013, aterrizaba en la ciudad Dòria Llibres. Lo hacía inicialmente en un pequeño local de la calle Pujol, en un contexto que parecía poco favorable para abrir una nueva librería. Con el tiempo, sin embargo, el proyecto creció hasta convertirse en una de las librerías independientes más reconocidas del país, con su actual sede en la Riera y una intensa actividad cultural. De alguna manera, Dòria recogió parte de aquella tradición de librería entendida como espacio de encuentro, presentaciones y vida cultural que durante tantos años había representado Robafaves.

Buc de Llibres, en la calle de Sant Josep de Mataró, impulsada por antiguos socios de Robafaves

Al mismo tiempo, varios antiguos socios y trabajadores vinculados a Robafaves impulsaron Buc de Llibres. La librería, actualmente situada en la calle Sant Josep, también se ha consolidado con muy buena salud y ha mantenido un modelo cercano, especializado y muy conectado con el tejido cultural de la ciudad. Y otros establecimientos, como Maresme o Màrquez, han seguido al pie del cañón todo este tiempo. 

Así, a pesar de la desaparición del gran símbolo que fue Robafaves, Mataró no perdió del todo aquella identidad lectora que la convirtió durante décadas en una rara avis cultural fuera de Barcelona. El relevo llegó con nuevas formas, nuevos nombres y nuevas generaciones, pero manteniendo viva una idea muy arraigada en la ciudad: que las librerías son mucho más que tiendas.

Xavier Vilert, con los estantes de Robafaves repletos de títulos. Foto: R.Gallofré

El legado de Xavier Vilert y de una generación

La muerte de Xavier Vilert, personaje capital en la cultura y el movimiento cooperativo mataronense de los últimos 50 años, ha hecho revivir todo este universo. Su figura queda asociada a aquella generación que entendió la cultura como una herramienta de transformación social y de construcción comunitaria. Con aciertos y errores, con momentos brillantes y finales difíciles, Robafaves dejó una huella enorme en la historia cultural de Mataró. Hoy todavía hay mataronenses que, cuando pasan por la calle Nou, miran instintivamente hacia el número 9. Como si esperaran volver a ver aquellos estantes infinitos o reencontrar alguna conversación pendiente entre libros.

Las noticias más importantes de Mataró y Maresme, en tu WhatsApp

  • Recibe las noticias destacadas en tu móvil y no te pierdas ninguna novedad!
  • Entra en este enlacehaz clic en seguir y activa la campanita