El 17 de enero se celebra San Antonio Abad, patrón de los animales domésticos y de trabajo, una festividad arraigada desde la Edad Media. En Cataluña y otros territorios, el santo es popularmente conocido como «San Antonio de los burros», denominación que proviene de la tradicional bendición de bestias de carga y animales de labor —burros, machos, caballos y mulas— que eran imprescindibles para la vida rural. Esta jornada combinaba devoción y utilidad: se pedía protección, salud y fuerza para los animales que garantizaban el sustento agrícola y el trabajo en el campo.
El paso del tiempo fue reduciendo la importancia y presencia de los animales de carga, al menos en Mataró y su entorno, por lo que la fiesta de San Antonio Abad, con los populares Tres Tombs, fue decayendo hasta desaparecer por completo. La capital del Maresme celebró a inicios de 2023 sus últimos Tres Tombs y meses después, y en una de las primeras decisiones del gobierno municipal surgido de las elecciones de ese año, la concejalía de Cultura anunciaba la suspensión de la celebración.
Desde entonces, San Antonio en Mataró se limita a la herradura, el roscón de San Antonio que todavía elaboran algunas pastelerías y panaderías, y a las bendiciones de animales de las parroquias locales. San Antonio de los burros ha pasado a ser San Antonio de los perros, mayoría absoluta entre los animales que se llevan a bendecir.

Las razones para suspender los Tres Tombs
Tras décadas celebrando el tradicional desfile ecuestre vinculado a San Antonio Abad, el Ayuntamiento de Mataró decidió suspenderlo a finales de 2023 y la medida se verbalizó como «decisión permanente hasta nuevo aviso». No era, pues, una pausa puntual, sino una voluntad clara de cerrar un ciclo. El gobierno municipal justificó la medida por motivos económicos, dentro de un contexto de ajuste presupuestario, y por la falta de lo que la concejal de Cultura Heidi Pérez definió como «arraigo actual en la ciudad». Según el relato oficial, la fiesta había ido perdiendo base social y capacidad de autoorganización. Pérez lo resumió así: «Teniendo en cuenta las dificultades presupuestarias y que nadie se ha puesto al frente de la fiesta, hemos decidido cortar con el evento con menos arraigo en nuestra ciudad».
El gobierno también puso sobre la mesa la transformación del formato. Históricamente, los Tres Tombs habían funcionado como una expresión del mundo rural próximo, con caballos y carruajes de los alrededores. En cambio, en las últimas ediciones, explicaba Pérez, el Ayuntamiento asumía prácticamente en solitario el coste y la logística, llegando a invertir unos 10.000 euros en el alquiler de caballos y carruajes procedentes de fuera. «Al fin y al cabo, lo que hacíamos era importar la fiesta de otro lugar», admitió la concejal.

Los últimos Tres Tombs de Mataró vieron, además, cómo la cita había ido perdiendo centralidad urbana: las dos últimas ediciones se trasladaron del Centro a la zona de mar, en plena política de descentralización de actos culturales, con menos público y menos implicación social. A pesar de este argumentario, la suspensión de los Tres Tombs fue polémica. Parte de la ciudadanía y de la oposición municipal criticaron la decisión, denunciando la pérdida de una tradición histórica y de un elemento emblemático del calendario popular. El debate giró entre el coste-beneficio económico, el valor patrimonial, la desconexión generacional y la idea de si la fiesta merecía un relevo en lugar de una cancelación. Tres años después, la fiesta tiene roscón, bendiciones y poco más. Mataró celebra **San Antonio de los perros**.
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