El concierto más esperado de Les Santes 2026 fue algo grande, muy grande. No solo por el tamaño gigantesco del Parc Nou, con su explanada bien llena. También por la envergadura del envite musical y festivo que plantearon The Tyets en el décimo aniversario de su proyecto. Tocarán en festivales, salas y ocasiones más rimbombantes, este par. Pero es probable que el de la pasada medianoche sea o aspire a ser el bolo que dé sentido a buena parte de lo que están haciendo y recogiendo. El concierto de su vida. De sus Santes vidas.
The Tyets son de casa, asequibles. Jóvenes de estos que a menudo se hacen los desganados. Pero esto es una carcasa. Detrás hay una máquina de hacer música de la que gusta. Gusta a muchos niños —espectacular la extensión de menores que no se fueron a dormir a la hora que tocaba—, gusta a muchos jóvenes, gusta a muchos padres y gusta a mucha otra gente. Lo mejor del concierto, más allá de músicas y estilos, era el despliegue absoluto de paisaje sociológico y generacional de lo que debe ser un gran acto de Fiesta Mayor. Gente de todas partes, reunida. El entusiasmo juvenil delante, la retaguardia para los más mayores. Todo el Parc Nou lleno de verdad. Y The Tyets haciendo de orquesta de las mejores a base de peinar todas sus canciones. Diríamos que triunfaron como la Coca-Cola, pero es más adecuado decir que se vaciaron como los vasos de Juliana.

Gloria a la mataronitat
El concierto fue lo que tenía que ser: una fiesta de la mataronitat. Un grupo hecho y enamorado de esta ciudad nuestra a menudo cabizbaja, insertada entre rieras, propiciando un concierto con una multitud que recordaba conciertos históricos del Parc Nou como el de Txarango. Con el volumen necesario para que todo el mundo los oyera hablando de amor o de tonterías, de diversión, de sentimientos o de fiestas. De inocencia y también cursilerías. Referencias mataronenses y a Les Santes: dicen que ya no se ponen nerviosos, pero ayer se sabían ante una ocasión especial.
Se rieron de los de Argentona, recuperaron la mítica canción con la que empezaron en unas Santrash, desplegaron medios como unas llamaradas espectaculares a dojo y no pararon ni un solo momento. Fue un concierto abrumador y empoderado. Inspirador, incluso. Del lado de casa y de la calle de toda la vida puede salir alguien que acabe por reventar el Parc Nou a canciones. Y Les Santes tenían que ser la guinda de este pastel.
The Tyets remacharon el clavo de su vida. Si no de la mataronense. En la entrevista con Capgròs bromeaban que después de un concierto como este, en Mataró no podían aspirar a más. Tres años después de aquel concierto un poco cabezón, con un escenario como castigando al público y al grupo —bajo un chaparrón y entregado en el peor lugar del Passeig Marítim—, el recital de este 2026 es de justicia poética. Seguramente no predican, pero ya son —aún más— profetas en su casa. En el país de Les Santes.

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