La palabra “densificar” ya no es solo un término de urbanistas. Desde que Salvador Illa la ha situado en el centro de su receta contra la crisis de la vivienda, se ha convertido en una de las expresiones más repetidas del debate público catalán. En el Fórum Municipalismo del 8 de abril, el presidente de la Generalitat pidió a los ayuntamientos “coraje” para construir “tanta vivienda como quepa” y dejó claro cuál es el rumbo del Govern: más pisos dentro de las ciudades existentes, con el apoyo político, jurídico y económico de la Generalitat.
Pero ¿qué significa exactamente densificar? El TERMCAT lo define como el “proceso de incremento de población y viviendas en un territorio determinado”. Traducido al lenguaje de la calle, significa encajar más viviendas allí donde ya hay ciudad o en suelos ya previstos para crecer, en vez de extender aún más la urbanización sobre territorio nuevo. Es la idea de crecer hacia adentro, de hacer más ciudad dentro de la ciudad.
La propuesta no sale de la nada. Viene ligada al Plan 50.000 viviendas, con el que la Generalitat quiere construir 50.000 nuevas viviendas públicas hasta 2030, con una inversión anual anunciada de 1.100 millones de euros. Es la pieza más visible de la estrategia del Govern para ampliar el parque público y ganar oferta en un mercado que hace años que no da respuesta a la demanda.
Pero el gran salto llega con el plan de suelo residencial aprobado a finales de 2025. Según la Generalitat, ya se han preseleccionado 179 sectores con potencial para impulsar 214.000 nuevas viviendas, de los cuales entre el 40% y el 50% deberían ser asequibles y, dentro de estos, la mitad de alquiler. La filosofía es clara: si falta vivienda, hay que activar más suelo y hacerlo rendir más.
Esta es la base política del verbo densificar: no solo construir más, sino revisar las densidades previstas, aumentar la edificabilidad donde sea posible y repensar sectores nuevos para que admitan más viviendas de las contempladas hasta ahora. Diversos análisis sobre el debate urbanístico catalán apuntan que el Govern quiere sobre todo actuar en barrios nuevos y áreas pendientes de transformación, especialmente en el entorno metropolitano, y que esto exigirá cambios de planeamiento y decisiones municipales delicadas.
La teoría: más vivienda sin devorar más territorio
Sobre el papel, la propuesta tiene una lógica difícil de discutir. Catalunya necesita más vivienda y, a la vez, no puede crecer sin límite comiéndose suelo libre. Por eso, el discurso del Govern combina dos ideas: sostenibilidad territorial y sostenibilidad social. El argumento es que, si no se generan pisos allí donde hay trabajo, servicios y transporte, el problema del acceso a la vivienda seguirá escalando.
Ahora bien, la densificación no es un botón mágico. También plantea riesgos. Diversas voces expertas han advertido que hacer más vivienda no puede significar simplemente cargar más volumen sobre barrios ya tensionados. Densificar con sentido exige equipamientos, verde, movilidad, escuelas, CAPs y servicios. Si no, la palabra corre el riesgo de degradarse y acabar siendo sinónimo de masificación. Esto es, precisamente, lo que hace que el debate no sea solo técnico, sino profundamente político.
Y en Mataró, ¿qué significa densificar?
Cuando esta idea baja a Mataró, el debate cambia de escala y se vuelve mucho más concreto. La capital del Maresme tiene 131.370 habitantes en solo 22,53 km², con una densidad de 5.830,9 habitantes por km². Es decir, no es una ciudad con grandes vacíos para llenar a base de expansión fácil. Mataró ya es una ciudad compacta, intensa y con un mercado residencial fuertemente presionado.

Esta presión se ve en las cifras. Según el informe de indicadores de vivienda de la Diputació de Barcelona, el precio medio del alquiler en Mataró en 2024 era de 740,75 euros al mes y el precio medio de compraventa alcanzaba los 2.350,28 euros por metro cuadrado. El mismo informe recoge 2.006 solicitudes de HPO y 2.309 ayudas al pago del alquiler concedidas. Son datos que retratan una ciudad con demanda social acumulada y dificultades reales de acceso a la vivienda.
Por eso Mataró aparece de lleno en los escenarios de crecimiento residencial de la región metropolitana. Según los estudios que sustentan el debate del PDUM y que ha publicado 'El Periódico', con el planeamiento vigente la ciudad tendría capacidad para asumir 7.000 viviendas nuevas. Pero las proyecciones de necesidad suben a 12.900 en un escenario medio y a 18.700 en uno alto. Dicho de otra manera: con lo que hoy hay previsto, Mataró solo cubriría el escenario más bajo.
Dónde podría crecer la ciudad
Aquí es donde la palabra densificar deja de ser abstracta. En Mataró querría decir, primero de todo, desatascar y acelerar promociones que hace años que se anuncian. Un ejemplo es la promoción en la calle Cosme Churruca, con 66 viviendas de alquiler asequible impulsadas en colaboración público-privada sobre un solar de PUMSA. Es una operación que encaja perfectamente con la idea de generar más vivienda sin abrir nuevos frentes de dispersión.
El otro ejemplo es el de la Ronda Barceló, donde la Generalitat anunció en 2024 la construcción de 60 viviendas de alquiler asequible repartidas en cuatro edificios. El problema es que, dos años después, el proyecto continúa acumulando retrasos y se ha convertido en una muestra clara de la distancia entre los anuncios y la ejecución. Esta promoción se ha eternizado en los despachos, mientras el presupuesto municipal continúa reservando inversiones de urbanización en el ámbito.
Además, densificar también puede significar aprovechar mejor el tejido ya urbanizado: transformar locales en vivienda cuando tenga sentido, revisar volúmenes en sectores nuevos o hacer más rentables urbanísticamente espacios infrautilizados. El fondo del debate es este: Mataró no tiene mucho margen para crecer hacia afuera, de modo que cualquier política de nueva vivienda pasa inevitablemente por reordenar, completar o intensificar la ciudad existente. Esta última idea —“intensificar” en lugar de “densificar”— incluso la mencionó Illa en el mismo foro.
El gran obstáculo: la burocracia
Pero entre el verbo y el ladrillo hay una distancia considerable. En el mismo foro donde Illa reclamaba valentía, los alcaldes respondieron con una advertencia igual de clara: sin agilidad administrativa, no habrá boom residencial posible. En el caso de Mataró, el alcalde David Bote señaló que la administración se está volviendo “más rígida y encorsetada” y que esto dificulta dar respuestas rápidas a retos como la vivienda.
Y este es probablemente el nudo de la cuestión. Densificar no es solo tener una idea política potente. Es tramitar más deprisa, coordinar administraciones, asumir conflictos vecinales, revisar planeamiento y garantizar servicios. Si no se resuelve este atasco, la palabra acabará sonando más grande que los resultados.
La gracia —y la trampa— de densificar es que parece una palabra nueva para un problema que Mataró conoce desde hace tiempo. La ciudad necesita más vivienda, especialmente asequible. Lo dicen los precios, lo dicen las solicitudes de HPO y lo dicen las ayudas al alquiler. Pero también es una ciudad que ya vive comprimida, con pocas bolsas fáciles y con proyectos que avanzan demasiado lentamente.
Por eso, en Mataró, densificar solo tendrá sentido si significa más vivienda asequible y la ciudad mejor cosida. No más pisos porque sí, sino más respuesta donde ahora hay ahogo. La palabra ya está sobre la mesa. Falta ver si la realidad urbana, política y administrativa de la ciudad es capaz de aguantar todo su peso.
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