Aissata M’ballo y la mataronina Diana Rahmouni, de Editorial Jande
Aissata M’ballo y la mataronina Diana Rahmouni, de Editorial Jande

Nuevas voces para transformar el relato

Jande Editorial cumple un año de misión clara: dar voz a autores y autoras racializadas o de origen migrante, tanto en obras originales como en traducciones

Còpia de BANNER CAPGROS
 

En un ecosistema editorial a menudo saturado de novedades e inercias consolidadas, hay proyectos jóvenes que consiguen abrirse camino no solo por la calidad de su propuesta, sino por la necesidad a la que responden. Es el caso de Jande Editorial, impulsada por dos editoras —Aissata M’ballo y la mataronense Diana Rahmouni— que, en solo un año de trayectoria, han sabido detectar un vacío y convertirlo en oportunidad.

Jande nació con una idea clara: ampliar los márgenes de lo que entendemos por literatura en catalán. No como una cuota ni como una etiqueta, sino como una apuesta estructural para incorporar miradas diversas, a menudo ausentes. “Somos una editorial de ficción y no-ficción en catalán fundada por dos editoras que echábamos de menos libros que interpelaran a nuestra identidad diversa”, explican. Esto se traduce en un catálogo que da voz a autores y autoras racializadas o de origen migrante, tanto en obras originales como en traducciones.

Pero el proyecto va más allá de la representación. Uno de sus puntos clave es romper con la tendencia a encasillar estas voces en relatos únicos. “Queremos ofrecer un espacio donde puedan crear libremente, sin tener que centrar su obra necesariamente en el duelo migratorio o racial”, remarcan. Es una declaración de intenciones que sitúa la libertad creativa en el centro.

Literatura como respuesta

El contexto actual refuerza aún más la relevancia de su propuesta. En un momento en que los discursos de odio ganan presencia, especialmente entre los más jóvenes, Jande defiende el papel de la literatura como herramienta crítica. “Es más necesario que nunca que exista una oferta literaria diversa y crítica”, apuntan. Su contribución pasa por generar nuevas narrativas que cuestionen y amplíen imaginarios. Este posicionamiento no es teórico: se concreta en cada título y en cada decisión editorial. En solo doce meses, el proyecto ha logrado una acogida notable, tanto por parte del sector como del público lector. “Hemos podido reimprimir algunos de nuestros primeros libros y la respuesta ha sido muy positiva”, explican. También destacan un fenómeno especialmente revelador: la creación de lectores “embajadores”, personas que no solo leen sino que recomiendan activamente sus libros.

Como ocurre con muchos proyectos emergentes, el aprendizaje ha sido intenso. A pesar de su experiencia previa, las editoras reconocen que hay aspectos que las han sorprendido, especialmente la carga administrativa. “Hay mucho trabajo invisible detrás de una editorial, desde el inicio hasta cada edición”, explican. Una realidad poco visible pero clave para sostener cualquier proyecto.

A pesar de ello, el balance es claramente positivo. Este primer año les ha servido para consolidar una base y definir un ritmo de trabajo sostenible. Su previsión es publicar entre seis y ocho libros anuales, una cifra que les permite cuidar cada lanzamiento y garantizar una presencia equilibrada en las librerías.

Cuidado editorial y apuesta por el talento

La selección de títulos es uno de los pilares del proyecto. En un momento en que reciben cada vez más manuscritos, las dos editoras trabajan conjuntamente para leer y valorar cada propuesta. También tienen una vocación clara de acompañamiento: quieren incentivar que más personas con identidades diversas se animen a escribir. “El talento existe y queremos demostrar que puede contar con nosotros”, afirman. Este cuidado se hace especialmente evidente en el campo de la traducción, que consideran esencial. Un ejemplo reciente es la colaboración con la traductora mataronina Marta Pera. “Contar con una buena traducción es clave para hacer justicia al texto original”, explican. Su versión de ‘El fraude’, de Zadie Smith, ha sido especialmente celebrada, y ejemplifica su voluntad de situar estas obras al mismo nivel de exigencia que cualquier gran título internacional.

Con solo un año de vida, Jande Editorial ya ha demostrado que hay espacio —y necesidad— para proyectos que cuestionen el canon y amplíen las voces. El reto, reconocen, será mantenerse en una industria marcada por la velocidad y la sobreproducción. Pero lo afrontan con una base sólida: un catálogo coherente, una mirada clara y una comunidad lectora que crece.


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