El día 28 de este mes se celebran 500 años de la dedicación de la nave gótica primigenia de Santa María, en el corazón del centro de la capital del Maresme. Cuesta imaginarlo hoy, pero la basílica de Santa María de Mataró, uno de los edificios más emblemáticos y monumentales de la ciudad, dejó de ser una iglesia para convertirse en un mercado de víveres durante la Guerra Civil. Allí donde durante siglos se habían celebrado misas y ceremonias religiosas, se instalaron puestos y se almacenaron alimentos. Incluso en la fachada principal se podía leer una nueva denominación: Mercado de la Libertad. Es una de las historias más sorprendentes del Mataró de hace 90 años, que ahora vuelve a salir a la luz gracias a una exposición del Museu Arxiu de Santa Maria.
El estallido de la Guerra Civil, en julio de 1936, desencadenó una ola de violencia revolucionaria y anticlerical que afectó profundamente el patrimonio religioso mataronense. Santa María, principal templo de la ciudad, no quedó al margen. Entre julio y octubre de aquel año fueron destruidos altares, imágenes y retablos de un valor artístico extraordinario. Entre las pérdidas más importantes se encontraba el monumental retablo mayor, obra del escultor Salvador Gurri, desaparecido en aquella devastación. Tal como explicó Rafael Soler en una de las charlas que se realizaron en 2008 para las celebraciones del milenario de Santa María: "La destrucción de la iglesia de Santa María no fue la destrucción revolucionaria de los primeros momentos, sino que fue una destrucción metódica y ordenada, porque tanto iban quemando como iban sacando piezas para guardarlas".
De templo religioso a Mercado de la Libertad
La transformación de Santa María fue radical. El edificio perdió su función religiosa y pasó a acoger primero servicios de abastecimiento y posteriormente el Mercado de la Libertad, que sustituía la actividad comercial que hasta entonces se desarrollaba en la plaza Gran y la plaza Xica. El templo también sirvió de almacén de víveres, en una ciudad profundamente condicionada por las necesidades de la retaguardia republicana.
- Pero la historia de aquellos años no es solo una historia de destrucción. También es la de una movilización ciudadana para evitar que desapareciera definitivamente una parte fundamental del patrimonio artístico de Mataró.
Ante la devastación de los primeros días, personas vinculadas al mundo cultural y patrimonial trabajaron para rescatar obras, recuperar fragmentos, custodiar documentación e impedir nuevos destrozos. El 25 de julio de 1936 se constituyó un comité local de salvaguarda, impulsado por la alcaldía. Su intervención, en unas circunstancias extremadamente difíciles, contribuyó a preservar una parte del legado histórico de la ciudad.
Entre los grandes tesoros que sobrevivieron a la guerra destacan el conjunto barroco de los Dolores, con las pinturas de Antoni Viladomat, y el retablo del Roser, una de las joyas de la escultura barroca catalana. Este último es especialmente valioso porque constituye uno de los pocos grandes retablos barrocos que se salvaron de la destrucción de 1936.
Una exposición para descubrir este pasado
Coincidiendo con el 90 aniversario del inicio de la Guerra Civil, el Museu Arxiu de Santa Maria recupera este episodio con la exposición Ex-basílica. La Guerra Civil en Santa Maria: destrucción y salvaguarda del patrimonio, que se inaugurará el viernes 23 de octubre, a las 19 h, en la sede del Museu Arxiu, en la calle de Beata Maria, 3.
La muestra reúne fotografías, documentos y otros materiales históricos que permiten conocer tanto la destrucción del patrimonio religioso como los esfuerzos por conservarlo. Se podrá visitar hasta el 28 de noviembre, los jueves, viernes y sábados, de 18:30 a 20:30 h.
El acto también servirá para presentar el número 144 de la revista Fulls del Museu Arxiu de Santa Maria, dedicado a la Guerra Civil y sus consecuencias en Mataró. Incluye un trabajo de Joan Cot i Oliver sobre un diario manuscrito de guerra, los contenidos de la exposición, una aportación de Joan Catà Zaragoza sobre los intentos del franquismo de silenciar la revista L'Olla en 1963 y documentación fotográfica del saqueo de espacios religiosos.
Una oportunidad para descubrir una Santa Maria casi irreconocible y recordar que, en medio de la destrucción, también hubo mataronenses decididos a salvar la historia de su ciudad.
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