La ronda Universitat de Barcelona, llena de autobuses, entre ellos lo de Mataró. Foto: SOS Ronda Universidad
La ronda Universitat de Barcelona, llena de autobuses, entre ellos lo de Mataró. Foto: SOS Ronda Universidad

Barcelona quiere menos autobuses en el centro, la vía preferida de los maresmenses

La teniente de alcaldía Laia Bonet plantea reducir drásticamente la llegada de autobuses interurbanos al centro de Barcelona, en un momento en que el Maresme depende cada vez más del bus por la crisis de Rodalies

patrocinio FinquesGuillem Diciembre 25 (3)
 

El futuro de la movilidad metropolitana pasa por reducir la presencia de autobuses interurbanos en el centro de Barcelona. Así lo ha asegurado la primera teniente de alcaldía, Laia Bonet, en una entrevista en El País, donde defiende que “el número de autobuses interurbanos que llegan al centro debe reducirse drásticamente” y apuesta por crear grandes intercambiadores en los accesos de la ciudad. La propuesta llega, sin embargo, en un momento de máxima dependencia del bus en el Maresme, donde miles de usuarios han abandonado el tren por la falta de fiabilidad de Rodalies.

Según explica Bonet, cada día unas 270.000 personas entran y salen de Barcelona en autobús, una cifra que ha crecido de manera significativa a raíz de la crisis ferroviaria. Las expediciones han pasado de 6.000 a 7.000 diarias, consolidando el bus como una alternativa cada vez más utilizada.

Autobuses en el Camí de la Geganta de Mataró, con destino a Barcelona

Autobuses en el Camí de la Geganta de Mataró, con destino a Barcelona, de refuerzo durante la crisis ferroviaria

El Maresme, cada vez más dependiente del bus

Esta realidad se vive con especial intensidad en Mataró y en el conjunto del Maresme, donde el bus interurbano se ha convertido en la principal alternativa a Rodalies. La pérdida de confianza en el servicio ferroviario —acentuada por los episodios de caos de este año— ha provocado un traslado masivo de usuarios hacia la carretera.

El resultado es visible en el día a día: frecuencias de hasta cinco minutos en hora punta, autobuses reforzados y vehículos llenos que a menudo dejan pasajeros en tierra. A pesar del aumento constante del servicio, la demanda continúa superando la capacidad disponible.

Los datos lo corroboran: las principales líneas entre Mataró y Barcelona han superado los 2 millones de pasajeros anuales, con crecimientos sostenidos de doble dígito. Pero este incremento no responde a una apuesta planificada, sino a una huida del tren. Más allá de la capital de la comarca, en otros puntos como en el Alt Maresme la situación también se ha hecho insostenible con autobuses llenos a rebosar

Autobús en Barcelona lleno

Autobús en Barcelona lleno, con gente de pie en la autopista

Barcelona quiere reordenar el sistema

Ante este escenario, que se repite con los autobuses originarios de otras comarcas del entorno metropolitano, el Ayuntamiento de Barcelona plantea un cambio estructural. La propuesta de Laia Bonet pasa por crear nuevas estaciones intermodales subterráneas en puntos estratégicos como la Sagrera, plaça Espanya o la Diagonal, con el objetivo de facilitar la conexión con metro y tranvía.

La idea es clara: evitar que los autobuses lleguen hasta el centro y redistribuir los flujos en los accesos de la ciudad. Esto implicaría, por ejemplo, que muchas líneas dejaran de tener parada en zonas como plaça Universitat (destino final de las líneas de Mataró, por ejemplo) o Gran Via.

Largas colas en plaza de las Tereses para coger el autobús a Barcelona, alternativa al tren a causa de la avería. Foto: Alfons Canela

Largas colas en plaza de las Tereses para coger el autobús a Barcelona, alternativa al tren a causa de la avería. Foto: Alfons Canela

Un límite físico difícil de superar

A pesar de los refuerzos constantes, el modelo del bus tiene un límite estructural. Un tren puede transportar cientos de personas por trayecto, mientras que un autobús solo puede asumir unas decenas. Sustituir el ferrocarril implica multiplicar vehículos, ocupación viaria y recursos hasta niveles difíciles de sostener.

Esta realidad ya se ha hecho evidente en el Maresme, donde el aumento de autobuses no ha evitado el colapso en episodios recientes. Ni siquiera con refuerzos extraordinarios se ha podido absorber toda la demanda.

Una contradicción metropolitana

El planteamiento de Barcelona abre interrogantes para territorios como el Maresme. Mientras la capital quiere reducir la presión de los autobuses en el centro, los maresmenses dependen más que nunca de este sistema para llegar allí. La misma Laia Bonet defiende que el bus es una herramienta “flexible y escalable”, pero también reconoce la necesidad de infraestructuras para hacerlo viable a largo plazo.

Mientras tanto, en el Maresme, la situación es clara: el bus se ha consolidado como refugio ante la crisis ferroviaria, pero también ha evidenciado sus limitaciones. Sin un servicio de Rodalies fiable, la movilidad queda atrapada en un equilibrio frágil, donde la carretera asume una demanda que no puede sostener indefinidamente.

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