Torre de Ca l'Alzina de montgat
Torre de Ca l'Alzina de montgat

¿Qué queda de los piratas en el Maresme? La ruta de torres de vigía de la época

Más de cincuenta torres y castillos configuran una red defensiva única en la Costa de Barcelona-Maresme, testimonio de los ataques piratas de los siglos XVI y XVII.

El Maresme conserva uno de los sistemas defensivos costeros más extensos y singulares de Cataluña. Entre los siglos XVI y XVII, en plena amenaza de la piratería berberisca y el corsarismo, la comarca levantó decenas de torres de vigilancia y fortificaciones que hoy dibujan un patrimonio único a lo largo de la Costa de Barcelona-Maresme.

De las más de cincuenta torres documentadas, la mayoría todavía se mantienen en pie. Algunas han sido restauradas e integradas dentro del tejido urbano o rural, mientras que otras sobreviven como ruinas cargadas de historia. El conjunto fue tan extenso que el litoral maresmense era conocido popularmente como “la costa torrejada”.

¿Por qué se construyeron las torres de vigilancia en el Maresme?

Estas torres cumplían una doble función: vigilancia y defensa. Desde sus puntos elevados —cerros, masías estratégicas o junto al mar— permitían detectar la llegada de embarcaciones enemigas y alertar a la población mediante señales de humo o fuego. Formaban parte de una red visual interconectada que convertía el territorio en un sistema de protección coordinado.

Durante los siglos XVI y XVII, los ataques piratas eran frecuentes, así como la presencia de bandoleros y asaltadores de caminos. No es casual que de aquella época nos haya quedado la expresión “¡Moros en la costa!”, utilizada como grito de alarma ante el peligro.

Torre d'en Nadal a Vilassar de Mar
Torre d'en Nadal a Vilassar de Mar
 

Las torres del Baix Maresme: vigilancia entre viñedos y litoral

En el Baix Maresme, municipios como Tiana, Montgat, Alella, El Masnou o Teià conservan ejemplos destacados de este patrimonio. La Cartuja de Montealegre comparte entorno con torres defensivas que atestiguan el equilibrio entre vida monástica y protección territorial.

En Montgat, la Torre de Ca l’Alzina recuerda la importancia estratégica de este tramo litoral, muy cerca del primer túnel ferroviario de la península. En Alella, la Torre del Baró, con almenas y aspilleras, mantiene la esencia medieval en medio del paisaje vinícola de la DO Alella. Y en El Masnou, Can Teixidor se alza frente al mar como ejemplo de masía fortificada.

Maresme Centro: castillos y torres que dominan la llanura

A medida que avanzamos hacia el Maresme Centre, el patrimonio se hace aún más denso. En Premià de Dalt, Vilassar de Mar y Vilassar de Dalt se concentran torres integradas en masías señoriales, muchas con matacanes, almenas y ventanas góticas. El Castell de Vilassar de Dalt, declarado bien cultural de interés nacional, es uno de los conjuntos más monumentales.

En Cabrera de Mar, las ruinas del Castillo de Burriac dominan la llanura desde 400 metros de altura y ofrecen una de las panorámicas más emblemáticas del territorio. En Mataró, torres como Can Tria de Mata o Can Palauet mantienen viva la memoria del sistema defensivo renacentista.

Torre de Can Valls de Sant Vicenç de Montalt
Torre de Can Valls de Sant Vicenç de Montalt
 

Una red defensiva que conectaba toda la comarca

El recorrido continúa hacia Dosrius, Sant Vicenç de Montalt, Caldes d’Estrac, Arenys de Mar y Arenys de Munt, donde muchas torres han quedado integradas dentro del núcleo urbano o adosadas a antiguas masías. En algunos casos solo se puede visitar el exterior, pero su valor arquitectónico —con elementos como saeteras, poternas, matacanes o portales abovedados— las convierte en auténticos testimonios de piedra de la edad moderna catalana.

El Alt Maresme: grandes fortificaciones y torres costeras

En el Alt Maresme, municipios como Canet de Mar, Sant Pol de Mar, Pineda, Santa Susanna, Malgrat de Mar, Palafolls o Tordera amplían esta red defensiva. El Castillo de Santa Florentina, remodelado por Lluís Domènech i Montaner, combina arquitectura medieval y modernismo.

Los restos del Castillo de Montpalau o del Castillo de Palafolls, situados en colinas estratégicas, permiten entender la dimensión territorial de este sistema de vigía. En Santa Susanna, la Torre de Can Ratés o la Torre del Mar ejemplifican la continuidad de este patrimonio, hoy protegido como bien cultural de interés nacional.


Puedes ampliar información o ver cómo llegar a cada torre en este enlace del Consell Comarcal


Muchas de estas construcciones son de propiedad privada y no se pueden visitar por dentro, pero forman parte del paisaje cotidiano del Maresme. Otras han sido restauradas y adaptadas como equipamientos municipales, espacios culturales o puntos visitables.

Una ruta patrimonial para hacer todo el año

Recorrer las torres de vigía del Maresme es redescubrir una costa que, más allá de playas y paseos marítimos, conserva una historia marcada por la defensa, el miedo y la capacidad de organización colectiva. Es un viaje a los siglos en que la vigilancia era cuestión de supervivencia y en que cada torre era un ojo atento mirando el horizonte.

Hoy, aquella red de piedra continúa en pie como uno de los grandes tesoros patrimoniales de la Costa de Barcelona-Maresme, invitando a mirar el territorio con una nueva perspectiva: la de una comarca que supo convertir la vulnerabilidad en fortaleza.

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