Via Augusta en el Camí del Mig de Mataró. Foto: Ayuntamiento
Via Augusta en el Camí del Mig de Mataró. Foto: Ayuntamiento

Mataró encuentra la Via Augusta bajo una de sus calles, 2.000 años después

Las obras en Camí del Mig, que se ha reabierto a la circulación después de un año, han sacado a la luz un tramo de la calzada romana, con los muros laterales, parte del pavimento y las roderas de los carros, conservado a más de tres metros de profundidad

Bajo el actual Camí del Mig de Mataró, a más de tres metros de profundidad, hay una parte de un camino que durante siglos conectó territorios muy alejados del Mediterráneo. Las obras de renovación del alcantarillado y de la red de agua potable han permitido identificar, documentar y proteger un tramo de la Vía Augusta, la gran infraestructura viaria romana que atravesaba buena parte de la península Ibérica.

El hallazgo, localizado en el tramo comprendido entre las calles de Joan Larrea y Domènec Matheu, permite constatar que bajo la calle actual se conserva una parte de la antigua calzada romana. La estructura presenta dos muros construidos con grandes bloques de granito, uno en el lado del mar y el otro en el de la montaña, que delimitan una vía de unos 6,4 metros de ancho. De esta superficie, se ha conservado una parte del firme de unos cinco metros, por donde circulaban los vehículos de la época.

Pero una de las evidencias más evocadoras del hallazgo son las marcas de las ruedas de los carros. El paso continuado de los vehículos fue desgastando el pavimento y ha dejado unas trazas que los arqueólogos han podido identificar durante la intervención. Son las huellas físicas del tráfico que había hace casi dos milenios.

 

Un camino que conectaba Iluro con otras ciudades romanas

La Vía Augusta fue una de las grandes infraestructuras del Imperio romano. No se trataba de una única carretera, sino de una extensa red viaria de más de 1.500 kilómetros que comunicaba los territorios del Pirineo con Cádiz. Su construcción, bajo el patronazgo del emperador Augusto entre los siglos I a.C. y I d.C., transformó las comunicaciones y facilitó tanto los desplazamientos como el transporte de mercancías.

El tramo descubierto en el Camí del Mig correspondería al ramal costero de la Vía Augusta, que permitía conectar Iluro, la actual Mataró, con otras ciudades romanas de la costa como Baetulo —Badalona—, Barcino —Barcelona— o Bladae —Blanes—.

La importancia de la infraestructura va mucho más allá de su valor como camino. Su construcción respondía a una planificación territorial muy cuidadosa, basada en criterios de eficiencia y en el aprovechamiento de las características geográficas del territorio. Una lógica que, de hecho, todavía se puede reconocer en algunos de los grandes corredores de comunicación actuales.

La Via Augusta al Camí del Mig de Mataró: Foto: Ajuntament

La Vía Augusta en el Camí del Mig de Mataró: Foto: Ajuntament

La Vía Augusta ya había aparecido en Mataró hace más de 50 años

El descubrimiento actual no es la primera evidencia de la Vía Augusta en Mataró. Su trazado ya fue localizado en el año 1973, precisamente en el cruce entre la calle de Joan Larrea y el Camí del Mig. En aquella intervención, el arqueólogo e historiador Marià Ribas documentó uno de los muros que delimitaban la vía y una parte de su pavimento.

Aquel descubrimiento fue lo suficientemente significativo para incorporar el Camí del Mig a la Carta dels vestigis arqueològics del terme municipal de Mataró y, posteriormente, protegerlo como yacimiento arqueológico dentro del Plan Especial del Patrimonio Arquitectónico de la ciudad.

En el Maresme, Marià Ribas ya había identificado antes otro tramo de la misma infraestructura. Fue en el año 1954 en Can Vilalta, en Vilassar de Mar, donde se localizó un tramo de la vía con un miliario de piedra en su emplazamiento original. La pieza, que servía para marcar las distancias en millas, incorporaba una inscripción que permitía identificar inequívocamente la Vía Augusta.

¿Cómo es posible que una vía romana haya sobrevivido bajo una calle actual?

Una de las particularidades del hallazgo del Camí del Mig es precisamente su excepcional estado de conservación. Los restos romanos se encuentran actualmente a más de tres metros de profundidad, protegidos por una importante acumulación de tierras asociada al gran proceso de transformación urbana que vivió esta zona de Mataró durante los años sesenta, con el crecimiento de los barrios de Pla d’en Boet y Peramàs.

La Via Augusta al Camí del Mig de Mataró: Foto: Ajuntament

La Via Augusta al Camí del Mig de Mataró: Foto: Ajuntament

Esta profundidad ha actuado como una especie de cápsula del tiempo. Pero no es el único motivo por el cual la vía ha llegado hasta nuestros días. La calzada continuó siendo utilizada durante siglos. Las excavaciones han permitido identificar diferentes pavimentos superpuestos sobre la vía romana, una evidencia de que el mismo corredor mantuvo su función de comunicación mucho después de la época romana.

Entre las fases identificadas hay un vial datado entre los siglos XV y XVI, con un firme de tierra batida, y una carretera empedrada correspondiente a los siglos XIX y XX. De esta manera, bajo la calle actual no solo hay una vía romana, sino también las sucesivas transformaciones de un mismo itinerario a lo largo de la historia.

Y aún hay otro elemento que conecta directamente el pasado con el presente: las fotografías anteriores a la construcción de los barrios actuales muestran que a principios de los años sesenta todavía se circulaba por el mismo trazado. El desarrollo urbanístico posterior respetó en buena parte esta línea, de manera que el actual Camí del Mig conserva, en cierta manera, la huella de la infraestructura romana.

La Via Augusta al Camí del Mig de Mataró: Foto: Ajuntament

La Via Augusta en el Camí del Mig de Mataró: Foto: Ajuntament

Un hallazgo que ha sido posible gracias a unas obras de servicios

El descubrimiento se ha producido en el marco de las obras de renovación del alcantarillado y de la red de agua potable del Camí del Mig, una actuación que ha obligado a excavar a una profundidad suficiente para llegar hasta los restos.

El seguimiento arqueológico ya estaba previsto desde el inicio de los trabajos, precisamente porque se conocía la posibilidad de que aparecieran vestigios de la calzada romana. Los restos han sido documentados antes de ser protegidos y cubiertos con arena para garantizar su conservación.

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Camí del Mig, reabierto a la circulación después de un año de obras. Foto: V. B. 

Los datos obtenidos durante la intervención todavía se encuentran en fase de estudio, de manera que la actuación puede aportar más información sobre la historia del vial y las diferentes fases de uso que ha tenido a lo largo de los siglos.

Las obras, que han mantenido el Camí del Mig cortado durante aproximadamente un año, finalmente han terminado y el vial ya ha recuperado la circulación. Pero, más allá de las nuevas tuberías y del nuevo asfalto, la intervención ha dejado un descubrimiento que queda escondido bajo los pies de los conductores: una carretera romana que formó parte de una de las grandes redes de comunicación de la Antigüedad y que, dos mil años después, todavía sigue el mismo camino.

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