Un estudiante de Pineda de Mar y alumno de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha presentado una reclamación patrimonial de más de 9.000 euros contra el Ministerio de Transportes y la Generalitat de Catalunya por los perjuicios personales y emocionales que asegura haber sufrido a causa del funcionamiento de Rodalies. El caso ha ganado eco después de que el joven, David Pujol, lo hiciera público en la red social X el pasado 12 de mayo, un mensaje que generó numerosas reacciones y muestras de apoyo, especialmente entre usuarios del Maresme.
Su experiencia vuelve a poner el foco sobre la dependencia cotidiana de la línea R1, una infraestructura clave para miles de estudiantes y trabajadores de la comarca, marcada desde hace tiempo por incidencias recurrentes, retrasos y problemas de capacidad.
Retrasos, transbordos y trenes saturados
Pujol explica que su trayecto habitual entre Pineda de Mar y la UAB combina la línea R1, el metro y la R7, un recorrido que a menudo supera con creces el tiempo previsto. "Pineda–Autònoma eran más de dos horas en transporte público, cuando en coche son 40 minutos o una hora como máximo", relata. Según su testimonio, las incidencias y los retrasos en las correspondencias eran frecuentes y acababan afectando de manera constante su rutina diaria. Explica que a menudo se tenía que levantar a las 4 de la mañana para llegar a tiempo a clase.

Vía entre Sant Pol y Calella, tramo de vía única que dificulta mucho el servicio de Rodalies en el Alt Maresme, de donde es el estudiante
El joven describe también episodios de saturación por la falta de trenes y la acumulación de pasajeros, especialmente de vuelta a casa. "Entrar al tren era como ir en latas de sardinas", explica, como si fuera el metro en hora punta pero en convoyes en el Alt Maresme. Según explica, el servicio es "relativamente mejor" por la mañana, pero empeora a medida que avanza el día: "Por la tarde es cada vez más desastroso".
Más allá de las incidencias puntuales, apunta a factores estructurales de la línea, como limitaciones de velocidad y paradas por cruces en diversos puntos del recorrido, especialmente al norte del Maresme. "A veces te hace estar 10 o 12 minutos parado", detalla, y añade que tiene la percepción de que los trenes hacia Barcelona tienen prioridad en determinadas situaciones.
Hoy he presentado una reclamación patrimonial por los daños morales que me ha causado Rodalies de Catalunya.
— Cangrijo (@cangrijo) May 12, 2026
Reclamo 9211,35€ al Ministerio de Transportes y la Generalitat por una negligencia continuada que ha afectado gravemente mi vida y salud mental.
Iré a juicio si procede. pic.twitter.com/fD8lcXHMaD
Impacto en la vida cotidiana
Las dificultades de movilidad también han afectado a su entorno familiar. Pujol explica que su madre ha optado en diversas ocasiones por el transporte por carretera ante la falta de alternativas ferroviarias fiables. "El bus 618 del Alt Maresme a Barcelona iba totalmente colapsado, a menudo con gente de pie y viajeros que se quedan en tierra", lamenta.
El joven también pone el foco en la conexión interna del territorio y en la dificultad de acceso a determinados puntos del Vallès o a la propia UAB desde diversos municipios del Maresme. En este sentido, asegura que su madre ha rechazado oportunidades laborales en Mataró por las dificultades de desplazamiento. "A Barcelona llega en bus, pero a Mataró no; con el tren ni se lo plantea", explica.

Uno de los autobuses de Mataró a la UAB, aparcado en la plaza de les Tereses. El bus como alternativa creciente al servicio ferroviario
Un incidente clave en el trayecto al trabajo
Además de los estudios, Pujol trabaja los fines de semana en una gran superficie comercial en Santa Susanna. Según relata, un incidente durante un trayecto marcó un antes y un después en su relación con el servicio de Cercanías.
Explica que viajaba desde Calella en un tren procedente de l'Hospitalet con retraso acumulado cuando, una vez en la estación, el convoy permaneció parado varios minutos sin información clara. Al contactar con el servicio de atención de Cercanías, asegura que se le respondió que aquel tren "no constaba", a pesar de que él viajaba a bordo.
"Yo estaba dentro del tren y me decían que aquel tren no existía", recuerda. Llegó tarde al trabajo y sin una explicación satisfactoria. Aquel episodio fue, según afirma, el detonante para iniciar la reclamación.

Un tren por la costa del Maresme
Ansiedad, salud mental y cambio de vida
La reclamación presentada incluye una parte importante vinculada al impacto en la salud mental. Pujol asegura que la incertidumbre constante del servicio le ha generado episodios de ansiedad y estrés. El joven explica que convive con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), lo que hace que necesite una planificación muy estricta de su día a día. La imprevisibilidad de Cercanías, dice, ha sido un factor de desestabilización.
"La carrera me absorbe la vida, le tengo que dedicar mucho tiempo", resume. Esta situación le llevó finalmente a trasladarse a Cerdanyola del Vallès para poder vivir más cerca de la universidad y reducir la dependencia del transporte ferroviario. "No me gusta nada, prefiero mil veces vivir en Pineda, pero no me queda más remedio", afirma.

La línea de bus 618 del Alt Maresme dirección a Barcelona, lleno hasta los topes. Foto: Cedida
Reclamaciones previas y posible vía judicial
Antes de llegar a la vía judicial, el joven asegura haber presentado decenas de reclamaciones por incidencias acumuladas a lo largo del tiempo, sin obtener respuesta satisfactoria. Ahora, su petición de más de 9.000 euros ha sido registrada ante las administraciones competentes, que disponen de seis meses para responder. Si la respuesta es negativa o no llega en plazo, Pujol prevé llevar el caso a los tribunales.
Un debate que vuelve al centro: la R1 y el Maresme
Más allá del caso individual, la situación ha reabierto el debate sobre el papel de la línea R1 y la movilidad ferroviaria en el Maresme, una de las comarcas más dependientes del transporte público hacia Barcelona. Pujol defiende la necesidad de mejorar el sistema y reforzar las conexiones. "Necesitamos un sistema que funcione y que no nos obligue a depender del coche o a cambiar toda nuestra vida", sostiene.
A pesar de las dificultades, afirma que siempre ha defendido el transporte público, pero admite que la situación le ha llevado a replantearse alternativas. "Tarde o temprano me tendré que sacar el carné de conducir. El problema es que cuesta dinero y tiempo", concluye. Su caso, amplificado en las redes sociales, se ha convertido en un ejemplo del malestar recurrente entre usuarios del transporte público en el litoral norte, especialmente entre jóvenes que dependen diariamente de la R1 para estudiar o trabajar.

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