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Artículo de Opinión de Carles Estapé

Carles Estapé

Himnos, procesiones y ciudadanía

Carles Estapé Cot recomienda generar el máximo de espacios de mezcla cultural y orientar la cultura mataronense al encuentro entre diferentes

Para ser honesto quiero dejar claro desde un buen principio que me considero ateo, a pesar de que gracias a la militancia religiosa de mis padres, puedo afirmar que recibí una buena educación religiosa (cristiana).

También quiero dejar claro que no me gustan las manifestaciones religiosas en la calle, aprendí, de pequeño, que la fe se expresa dentro del templo, en comunidad, en la familia o en los círculos de amistad, y sobre todo con la práctica diaria de los preceptos del evangelio, en la vida cotidiana. Me miro, las procesiones y los actos de la Semana Santa como expresiones de una religiosidad que no comparto y me cuesta mucho entender. A pesar de todo, me provocan reacciones contradictorias. Si bien me generan rechazo como práctica estrictamente religiosa, me interesan como manifestación cultural, más allá de la estética y sobre todo por el valor comunitario que conlleva la organización de los actos en la calle y la mixtura y la diversidad de las personas que se reúnen participando activamente en las actividades o simplemente contemplándolas como espectadores.

En Mataró, los actos de la Semana Santa han sido, desde su recuperación a finales de los años 80, y sobre todo desde que el Consejo Pastoral de la ciudad decidió participar después de muchas dudas, un punto de encuentro y convivencia de diferentes tradiciones culturales y religiosas ciertamente alejadas o desconectadas. Y Este encuentro y convivencia se ha basado en el respeto mutuo y en el reconocimiento de las diferencias, permitiendo un equilibrio precioso y valioso.

Los artículos escritos recientemente por dos prohombres mataronenses como Miquel Reniu y Manuel Mas reflexionando sobre esta cuestión me han espoleado a dar forma a mis humildes reflexiones.

La polémica, ahora ya pasada y más o menos olvidada, sobre elhimno español, y de rebote, sobre las tradiciones y los actos de la Semana Santa en su conjunto, son una señal clara de la dificultad de construir (o reconstruir) un proyecto ciudadano común que reconozca la plena ciudadanía de los 130 mil mataronenses que compartimos ciudad. Es una nueva muestra de la complejidad de esta ciudad en la que nos es necesario aprender, cada día, que somos estructuralmente diversos y que convivir en la diversidad requiere generosidad y reconocimiento mutuo.

No nos podemos permitir desperdiciar espacios y momentos de mixtura, de mezcla y  de confrontación sana de expresiones culturales diversas. Debemos generar nuevos, cuantos más, mejor. Los planes de trabajo de las entidades cívicas, culturales y deportivas de la ciudad y las políticas culturales y comunitarias públicas deben estar orientadas a provocar el encuentro de personas, entidades y colectivos donde poder vivir y reconocer la diversidad aprendiendo a respetarla.

                                                           Carles Estapé Cot

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